«Por qué Milei va en contra de los jubilados y las universidades» – Por Lic. Raúl Ayala

0
69

El veto de Javier Milei a las leyes que promovían un aumento para los jubilados y el financiamiento a las universidades públicas ha generado un intenso debate en la sociedad argentina.

A primera vista, la medida parece desproporcionada, dado que el impacto presupuestario de estas leyes es mínimo.

Las universidades, por ejemplo, representan apenas el 0,14% del Producto Bruto Interno, lo que convierte a la decisión en una acción más ideológica que técnica.

Pero, ¿por qué Milei va a fondo con estas cuestiones tan sensibles para la sociedad?
La respuesta se encuentra en su concepción radical del déficit cero.

 

Para Milei, la única legitimidad de su gobierno se construye sobre la obsesión por eliminar el déficit fiscal a cualquier costo.

No importa que, para lograrlo, el país deba desmantelar el tejido social, aumentar la pobreza al cien por ciento o cerrar todos los hospitales públicos.

Su prioridad es clara: ajustar la economía para cumplir con un dogma económico, sin detenerse a evaluar el costo humano de esas decisiones.

Este enfoque desnuda la esencia del anarcoliberalismo de Milei, un término que muchos pueden desconocer pero que es central para entender sus políticas.

El anarcoliberalismo combina la absoluta desregulación del mercado, la eliminación del Estado como garante de los derechos sociales y la creencia en que la libertad económica individual es el único valor que importa.

Es un sistema que ve cualquier intervención estatal -ya sea para mejorar la calidad de vida de los más vulnerables o para garantizar la educación pública- como una traba para el desarrollo personal y económico.

Para Milei, las universidades públicas, las jubilaciones y los servicios sociales son símbolos de un Estado que debe ser reducido al mínimo. No hay lugar para el consenso ni para la cooperación en su visión de país.

El anarcoliberalismo es un sistema que impone un pensamiento único, donde el mercado es el árbitro final de todas las relaciones humanas. La noción de diálogo queda excluida en un marco donde el único propósito es someter a la sociedad a las reglas de ese mercado.

El veto a las jubilaciones y al financiamiento universitario refleja, entonces, no una medida técnica sino la puesta en marcha de un proyecto político radical que no tolera la existencia de un Estado protector.

Y es precisamente en este punto donde la dirigencia política y la sociedad deben prestar atención. Dialogar con Milei no es posible bajo sus propios términos, porque su esencia no radica en el consenso ni en la pluralidad de ideas.

Su proyecto, al ser anarcoliberal, busca imponerse sin margen para la negociación, desafiando el propio concepto de democracia.

Es necesario que los sectores políticos comprendan que cualquier intento de llegar a un acuerdo con Milei se estrellará contra una visión de país que no admite puntos medios.

Para él, lo único que importa es la eliminación del déficit fiscal, aunque eso implique destrozar los lazos sociales que sostienen a la Argentina.

Y en ese sentido, la resistencia a sus políticas no debe ser vista como un acto de obstrucción política, sino como la defensa de un modelo de país más justo, inclusivo y solidario, que el anarcoliberalismo no puede ni quiere garantizar.

 

Déjanos tu comentario