ENSAYO: SOBERANÍA ENTREGADA Y REALIDAD DISTORSIONADA: EL AJUSTE DE MILEI BAJO LA LENTE DE LA TEORÍA SINTÉRGICA – POR LIC. RAÚL AYALA

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Resumen

Este ensayo analiza el feroz ajuste económico del presidente Javier Milei, su correlato en el aumento de la pobreza y la precarización de las condiciones de vida, en paralelo con una serie de decisiones que comprometen la soberanía nacional de manera estructural.

Se examina el uso instrumental del INDEC para legitimar el relato oficial, ocultando el deterioro social, y se introduce la Teoría Sintérgica de Jacobo Grinberg-Zylberbaum como una herramienta teórica para comprender la construcción simbólica de una realidad política funcional al poder.

 

ENSAYO: SOBERANÍA ENTREGADA Y REALIDAD DISTORSIONADA: EL AJUSTE DE MILEI BAJO LA LENTE DE LA TEORÍA SINTÉRGICA –  POR LIC. RAÚL AYALA

En el marco del reciente aniversario del 2 de Abril, se propone repensar la soberanía no solo en términos materiales, sino como un campo de batalla simbólico, perceptual y cultural.

 

Introducción

El 2 de abril es, para la memoria colectiva argentina, una fecha cargada de simbolismo: representa la reivindicación de la soberanía territorial frente al colonialismo.

Paradójicamente, en 2024 esta fecha encuentra al país sumido en un proceso de entrega paulatina pero estructural de su soberanía económica, política, tecnológica y cultural, liderado por el presidente Javier Milei.

La implementación de un ajuste feroz, la subordinación al Fondo Monetario Internacional, la apertura indiscriminada de mercados, la privatización de empresas estratégicas y la transferencia de recursos naturales clave a potencias extranjeras constituyen un escenario alarmante. Frente a esta realidad empírica, el gobierno construye un relato paralelo apoyado en indicadores oficiales que parecen desmentir el desastre social en curso.

Para comprender este fenómeno, resulta últil recurrir a la Teoría Sintérgica de Jacobo Grinberg, que permite explicar cómo se construye -y manipula- la percepción colectiva de la realidad.

 

1. El ajuste como eje del nuevo orden

Desde el inicio de su mandato, Javier Milei ha ejecutado un ajuste fiscal brutal: la devaluación inicial del 118%, la eliminación de subsidios, el congelamiento de transferencias a las provincias y la licuación de salarios, jubilaciones y programas sociales han generado un retroceso del poder adquisitivo sin precedentes en democracia.

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA estima que la pobreza ya supera el 57%, y la indigencia, el 15%, aunque el INDEC aún no refleja esa realidad.

Los despidos en el sector público, la paralización de la obra pública y el aumento de la informalidad laboral completan un cuadro crítico.

 

2. INDEC: entre la estadística y la propaganda

El INDEC informó que la pobreza en el segundo semestre de 2023 descendió levemente al 41,7%. Este dato, aunque técnicamente correcto, incluye mayoritariamente meses previos a la asunción de Milei. No refleja el deterioro explosivo provocado por su plan de ajuste.
Organismos como el CEPA, el Centro CIFRA y universidades públicas han advertido sobre la desactualización deliberada de las canastas de consumo utilizadas para medir la pobreza y la subestimación del costo de vida real.

Esta manipulación simbólica cumple una función estratégica: moldear la percepción pública para legitimar un programa que deteriora aceleradamente las condiciones de vida de millones.

 

3. Seis hitos de la entrega de soberanía

En paralelo al ajuste, Milei ha impulsado medidas que erosionan la soberanía nacional en todos los frentes:

1. FMI como tutor económico: Argentina estará bajo supervisión del Fondo hasta 2042, perdiendo capacidad autónoma de definir su política fiscal y monetaria.

2. Cesión de recursos estratégicos: Litio, uranio y tierras raras, en proceso de concesión a potencias extranjeras como Francia.

3. Privatización de empresas clave: Banco Nación, ARSAT y otras, pilares de la autonomía financiera y tecnológica.

4. RIGI: Un régimen legal que otorga beneficios extraordinarios a inversores extranjeros y habilita litigios en el CIADI, donde Argentina ya ha perdido el 85% de los juicios.

5. DNU 70/2023: Permite la compra irrestricta de tierras por parte de extranjeros, motivo por el cual fue judicializado por el CECIM.

6. Pesca en la plataforma marítima: La ley Bases, en su versión inicial, intentó legalizar la entrega de permisos a empresas foráneas en aguas territoriales argentinas.

 

Estas políticas no son errores aislados.
Son coherentes con una visión ideológica que disuelve al Estado-nación como actor soberano y lo reduce a una plataforma de negocios para capitales transnacionales.

 

4. La Teoría Sintérgica y la manipulación de la percepción

Jacobo Grinberg propuso una teoría audaz: la realidad no es objetiva, sino una construcción derivada de la interacción entre la actividad neuronal humana y un campo de información universal -la Lattice-.

La conciencia colectiva estructura esta información y la organiza como una “realidad percibida”.

En este marco, el poder puede intervenir en ese campo para modificar las percepciones sociales.

El relato de Milei -la idea de que “vamos por el camino correcto”, pese al sufrimiento evidente- funciona como una reestructuración de la Lattice nacional.

El gobierno y sus voceros, con apoyo mediático y digital, instalan una narrativa de redención futura, de sacrificio necesario, de libertad libertaria, mientras las condiciones reales se deterioran. El simulacro se impone sobre lo tangible.

 

5. El simulacro libertario y la entropía nacional

La teoría sintérgica también distingue entre sintergia (organización armónica de la conciencia) y entropía (desorganización, caos). Milei promueve, paradójicamente, una entropía perceptiva: confunde, distorsiona, superpone significantes contradictorios. La bandera de “libertad” es usada para justificar el sometimiento al FMI.

La consigna de “soberanía individual” encubre la entrega de los bienes comunes.
El 2 de abril, entonces, ya no se disputa sólo en la memoria o la diplomacia: se disputa en la estructura perceptiva del pueblo argentino.

Cuando la entrega se disfraza de heroísmo y la pobreza de eficiencia, la conciencia social queda atrapada en una ilusión peligrosa.

 

6. ¿Hay verdad? Pensadores entre el constructivismo y la realidad como límite

La idea de que la realidad no es un dato objetivo e inmutable, sino una construcción cultural, simbólica o incluso perceptual, ha atravesado buena parte del pensamiento contemporáneo.

Desde el campo de la filosofía, la sociología y la epistemología, numerosos autores han problematizado la noción de “verdad” como algo dado, introduciendo la idea de que toda realidad es, en alguna medida, interpretada.

Uno de los primeros en plantear esto de forma radical fue Friedrich Nietzsche, quien en sus fragmentos póstumos (1887-1888) afirmó: “No hay hechos, solo interpretaciones”.

Con esta frase clave del pensamiento perspectivista, Nietzsche echaba por tierra la idea de una verdad absoluta o una realidad independiente del sujeto que la percibe.

Su crítica apuntaba no sólo a la metafísica tradicional, sino a toda forma de dogmatismo, incluidas las verdades religiosas, morales o científicas.

Desde entonces, diversas corrientes han retomado esta perspectiva: el constructivismo social de Berger y Luckmann en La construcción social de la realidad (1966), el estructuralismo y posestructuralismo francés con autores como Michel Foucault, que analizó cómo el saber está ligado al poder, o Jean Baudrillard, quien sostuvo que en la era de los medios y el consumo vivimos en una hiperrealidad, donde los simulacros reemplazan la experiencia directa del mundo.

También en América Latina, pensadores como Ernesto Laclau o Enrique Dussel han abordado la construcción de lo político o lo histórico desde perspectivas relacionalistas, aunque sin abandonar del todo la noción de una verdad ética o material como horizonte.
Sin embargo, este giro constructivista también ha generado respuestas críticas.

Filósofos como Hannah Arendt advirtieron que el peligro del relativismo radical es abrir la puerta a la manipulación totalitaria.

En Verdad y política (1967), Arendt diferencia entre verdades de hecho (por ejemplo, quién ganó una elección) y verdades racionales (como las matemáticas), y defiende la necesidad de preservar ambas para la vida democrática.

Si todo puede ser negado, si todo es relato, entonces la mentira puede ocupar el lugar de la verdad sin resistencia.

Más recientemente, el filósofo estadounidense Harry Frankfurt -en su ensayo On Bullshit (2005)- señaló que el gran peligro contemporáneo no es tanto la mentira como la indiferencia hacia la verdad.

En una cultura donde todo es percepción, el cinismo prolifera: ya no se trata de saber si algo es cierto, sino si “funciona”.

También Byung-Chul Han, desde una mirada crítica de la posmodernidad, ha señalado cómo la sobreinformación y la lógica de la positividad vacían de sentido la experiencia del mundo, produciendo una fatiga existencial.

En La sociedad de la transparencia (2012), advierte que la exposición absoluta no equivale a verdad, sino a opacidad estructural.

Desde las ciencias cognitivas y la filosofía analítica, autores como Thomas Nagel o John Searle han defendido una idea moderada de objetividad: si bien toda percepción está mediada, eso no implica que no exista una realidad independiente que impone límites y consecuencias. Ignorar esos límites -económicos, biológicos, materiales- puede tener consecuencias catastróficas, como lo muestran las políticas públicas fundadas en creencias infundadas.

En ese marco, la teoría sintérgica de Grinberg puede leerse en una tensión interesante: si bien propone que la realidad es una organización de un campo de información por la conciencia, también sugiere que no todo es posible, que hay una estructura, un orden, una matriz. No se trata de negar la realidad, sino de comprender cómo se forma y cómo puede deformarse.

 

Conclusión: restaurar la conciencia soberana

Recuperar la soberanía nacional hoy exige mucho más que una disputa política.
Es una tarea cultural, epistémica y espiritual. Implica reorganizar el campo perceptual colectivo y desmontar el simulacro libertario que ha colonizado el imaginario social.

Como advirtió Grinberg, existen estados expandidos de conciencia que permiten reorganizar la realidad. En la Argentina actual, ese estado debe ser la conciencia crítica, el pensamiento libre y el compromiso colectivo con la verdad.

Sólo así podremos devolverle al concepto de soberanía su densidad histórica, su legitimidad popular y su vocación de futuro.

 

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