El Tornillo de la historia: Pobreza y deuda que se repite en el país

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* Raúl Ayala

La historia argentina está llena de episodios donde las decisiones económicas de sus líderes han dejado una huella profunda en la sociedad, particularmente en los sectores más vulnerables. Un ejemplo claro de esto se refleja en la década de 1930 durante el gobierno de Agustín Pedro Justo, un período que no solo fue marcado por el fraude electoral y la represión política, sino también por la miseria económica que enfrentó la población.
Esta miseria, provocada por la crisis económica global y la dependencia de préstamos externos, quedó magistralmente retratada en la letra del tango «El Tornillo» de Enrique Cadícamo.
Este tango, escrito en 1932 y musicalizado por José María Aguilar Porrás, captura con precisión el descontento social y la angustia de aquellos tiempos. La desesperanza que se respira en cada verso es el eco de una Argentina que, bajo el mandato de Justo, fue sometida a políticas económicas que priorizaban el pago de una deuda externa en detrimento del bienestar del pueblo. La letra del tango lo dice todo:
«Todo el mundo está en la estufa
Triste, amargo y sin garufa
Melancólico y cortado
Se acabaron los robustos
Si hasta yo, que daba gusto
Ocho kilos he bajado
Hoy la guita anda de asalto
Y el puchero está tan alto
Que hay que usar el trampolín
Si habrá crisis, bronca y hambre
Que el que compra diez de fiambre
Hoy se morfa hasta el piolín
Hoy se vive de prepo
Y se duerme apura’o
Y la chiva hasta a Cristo
Se la han afeita’o
Hoy se lleva a empeñar
Al amigo más fiel
Nadie invita a morfar
Todo el mundo en el riel
Al mundo le falta un tornillo
Que venga un mecánico
(¿Para qué, Don Carlos?)
Pa’ ver si lo puede arreglar…»
Este lamento de la década del 30 encuentra un preocupante eco en la actualidad, bajo la gestión de Javier Milei.
La obsesión por reducir el déficit fiscal, para asegurar el pago de una deuda externa ilegítima e impagable contraída por Mauricio Macri, líder del PRO y hoy aliado de Milei, parece repetir la historia de sumisión económica y sacrificio del pueblo.
Una deuda que, no solo no fue denunciada por el venal peronismo de Alberto Fernández, sino que fue legada como una carga más para una sociedad ya golpeada por la crisis.
El tango «El Tornillo» se convierte en un espejo que refleja los mismos problemas que hoy enfrentan millones de argentinos: la pobreza, la desesperanza y la sensación de que al «mundo le falta un tornillo».
La historia nos muestra que cuando las políticas económicas se alinean exclusivamente con los intereses de los acreedores externos y las élites económicas, el pueblo sufre las consecuencias.
En 1932, Argentina firmó el Pacto Roca-Runciman, que comprometió la soberanía económica del país a cambio de mantener las exportaciones de carne hacia el Reino Unido. Este pacto, que podría considerarse como una traición a los intereses nacionales, es similar a la situación actual, donde la prioridad del gobierno de Milei parece ser complacer a los acreedores internacionales a costa del bienestar de su propia gente.
En ese momento, el endeudamiento externo de Argentina ascendía a aproximadamente el 50% del Producto Bruto Interno (PBI), lo que muestra la gravedad de la dependencia financiera que el país tenía frente a sus acreedores.
La reflexión es clara: aquellos sectores que han acumulado riqueza a costa del sufrimiento del pueblo, ya sea durante el gobierno de Justo o en la actualidad bajo la sombra de la deuda contraída por Macri, deberían ser los primeros en hacer el mayor aporte para remediar esta situación o, en su defecto, responder ante la justicia por sus acciones.
La solidaridad, y no el darwinismo social que promueve el sacrificio de los más débiles, debe ser el motor que impulse a la sociedad hacia adelante.
En estos tiempos difíciles, recordar las lecciones del pasado es crucial. El tango «El Tornillo» no solo es un testimonio de un período oscuro de nuestra historia, sino también un llamado de atención para que no repitamos los mismos errores. La justicia social, la solidaridad y la defensa de la soberanía deben ser las prioridades de cualquier gobierno que aspire a construir un futuro mejor para todos los argentinos.

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