Se conmemora hoy el Centenario del nacimiento monseñor Raúl Marcelo Scozzina

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Este día 14 agosto, festividad de San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir, Vísperas de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, se cumplen 100 años del nacimiento de Raúl Marcelo Scozzina OFM, (1921-2011), primer Obispo de Formosa de 1957 a 1978.

Por ello, el pasado miércoles 4 de agosto en horas de la mañana, presidido por Monseñor José Vicente Conejero Gallego, se llevó a cabo en el salón “Santa Teresa” de la sede episcopal el lanzamiento de actividades que se desarrollarían en conmemoración del centenario de su natalicio.

 

Las actividades fueron organizadas por la Comisión 100 años de Monseñor Scozzina, la Iglesia Catedral, el Museo de Arte Sacro “Padre Carmelo Sciullo”, el Vía Crucis Formoseño.

El miércoles 11, 12 y 13 se rezó un Triduo en la Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” de la localidad de Pozo del Tigre.

Este sábado 14, día del centenario del nacimiento se celebra una Santa Misa en la Capilla “Nuestra Señora de los Pobres” de la comunidad de Campo Alegre, lugar donde reposan los restos.

Este mismo día a partir de las 19:00 hs, en la Iglesia Catedral “Nuestra Señora del Carmen” se celebrará la Santa Eucaristía, la misma estará a cargo del Obispo Diocesano Monseñor José Vicente Conejero Gallego.

El lunes 16, a partir de las 15:00 hs, en la entrada del Centro de Capacitación Integral “Juan Pablo II”, donde se encuentra erigida la Cruz de la 1º Estación del Vía Crucis se realizará una tarde de “Acción de Gracia al Dios creador de vida” por los 100 años de vida.

El padre Obispo, Monseñor José Vicente, escribió un texto, que fue publicado en el periódico diocesano “Peregrinamos” del lunes 2 de agosto con motivo de cumplirse los 100 años del nacimiento de su predecesor monseñor Raúl Marcelo Scozzina.

El titular de la Diócesis formoseña se expresó en estos términos: ¡Qué difícil resumir en pocas palabras el valor y la grandeza de una persona, “imagen y semejanza de Dios”; sólo su Creador conoce a fondo y en profundidad el corazón de sus criaturas, obra de sus manos! El amor y el recuerdo agradecido a este humilde franciscano “Fray Pacífico” – quien hizo verdaderamente honor a este nombre-, nos mueven a dar algunas breves, pero significativas, pinceladas de su vida. Así podríamos describirlo:

• Un contemplativo, admirador y poeta de las grandezas de Dios. Cuánta sensibilidad poseía y manifestaba ante las maravillas de la Creación. Un verdadero hijo del seráfico Francisco de Asís: La luz, el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas, el agua, los ríos y bañados. los bosques y los árboles, las aves y los pájaros con el canto de sus trinos… toda la creación objeto de su amor y admiración. Y, sobre todo, el hombre: varón y mujer, los pobres y sencillos, los campesinos y los humildes, los niños inocentes, todos, hijos de Dios.

Un enviado, sembrador de la Palabra de Dios. Movido por la fe y el impulso del Espíritu Santo, su vocación y misión fue anunciar a Jesús de Nazaret, único Redentor del mundo, y su mensaje de la salvación. Santificó a sus hermanos con los sacramentos, fortaleció la vida de las comunidades cristianas, convocó y reunió a los fieles, como buen pastor a sus ovejas.

Un sueño: Construir la Civilización del Amor. En un mundo herido y dividido a causa del pecado, de ambiciones, odios y guerras, sintió la necesidad de comprometerse a instaurar la fraternidad universal: con pobreza de espíritu y oración, reconciliación y perdón, unidad y paz. Instó a ser constructores de la Nueva Civilización del Amor, en conformidad con el designio de Dios.

Un Camino: Por la Cruz a la Luz. No hay otro camino, no existe otro modo ni manera, sino el trazado y vivido por Jesús: Humildad, mansedumbre, paciencia, perdón, amor y entrega de la propia vida para alcanzar la salvación, la promesa de la Vida eterna, la comunión con Dios y la plena bienaventuranza. El Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es el paradigma para la humanidad.

Y siempre: Alegres en el Señor. La alegría, don y fruto del Espíritu Santo. En medio de las dificultades y pruebas, dolores y enfermedades, contratiempos y persecuciones, tanto personales como sociales, siempre la actitud de la alegría en Dios, fundada en la fe y esperanza de la bondad y misericordia divina, así: como el corazón y el espíritu de María, madre de Jesús y de la Iglesia, porque ella es:

Vida, Dulzura y Esperanza nuestra, su lema episcopal, tal como rezamos en oración de La Salve a Nuestra Señora.

Estos rasgos de un hombre de Dios: contemplativo y poeta, misionero y sembrador, soñador de la Civilización del Amor y de la Fraternidad universal, peregrino de la Cruz a la Luz, cantando himnos de alegría, en compañía de María, la bella flor del Monte Carmelo, pueden identificar de algún modo, al primer Obispo de Formosa, RAÚL MARCELO SCOZZINA. Él tuvo la dicha, durante su ministerio episcopal, de ser testigo y protagonista de dos grandes acontecimientos inolvidables: participar íntegramente del Concilio Vaticano II y coronar la Imagen de Nuestra Señora del Carmen, madre y Patrona de Formosa.

 

Fuente: SF

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