Reflexión en tiempo de Pandemia: Ñande Apocalipsis

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Por el Lic. Faustino “Yiyo” Duarte

La pandemia: un estado de conmoción sanitaria con fuerte impacto negativo en lo económico y social, en todo el universo.

Reflexionar sobre lo que nos ocurrió a nivel nacional y local, es más que un compromiso, un deber ciudadano.

Ñande (del guaraní Nuestro) Apocalypse (del griego: revelación). Pretende transmitir y reflejar la situación que vivimos en estos tiempos tan extraños a nuestra cotidianidad.

Y optamos por tal nominación, por cuanto entendemos que la situación que nos afectó y afecta aun, semeja a un estado entrelazado de incertidumbre y esperanza entre los integrantes de la comunidad.

La obra

¡El mundo ve el Apocalipsis como un mensaje místico y uno críptico de CONDENACIÓN! contenido en 7 sellos. Los primeros cuatro sellos son representados por cuatro jinetes, sobre cuatro caballos de diferentes colores.

Desde luego, mucho se ha dicho y escrito sobre ellos. Pero “los cuatro jinetes del Apocalipsis”, como se les menciona comúnmente, son aun vistos como horrores misteriosos e inexplicables que serán desencadenados sin advertencia sobre el mundo.

En esta reflexión nos ocuparemos de los efectos que derivan del cuarto jinete.

Para entender claramente debemos aceptar un hecho básico. Recordar, el término griego apocalypse significa simplemente “revelación”.

La apertura del cuarto sello revela un caballo amarillo, el cual representa pestilencia o enfermedad, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte. Este caballo es descrito como amarillo porque está enfermo. Éste, obviamente representa enfermedad — ¡pestilencia! Invariablemente, la guerra lleva al hambre — y la desnutrición resultante lleva a la enfermedad. Nuevas enfermedades, o las antiguas empeoran, parecen estar apareciendo.

Sin dudas, que transitar, afrontar y superar la crisis y efectos múltiples de la “PANDEMIA”, es un desafío para quien actúa con plena convicción, sin siquiera considerar otra opción que no sea el de lograr un resultado victorioso, en un marco complejo de intereses entrecruzados y donde está en juego nada más y nada menos que la vida misma, al decir de un entrañable amigo: “…esto es solo para valientes”.

En todo este lapso de prácticamente dos años, hubo pérdidas humanas, económicas, y también secuelas aun no superadas, por causas de las afecciones provocadas por el virus.

Un gran avance de la sociedad global es que permite tener miedo en varios sitios. Y el virus lo justifica: llevamos días, semanas y meses, dedicadas a tener miedo, a encerrarnos por causa del miedo, a dejar mucho de lo que hacemos, mucho de lo que somos por el miedo.

El mecanismo es clásico: tenemos miedo de algo — siempre tenemos miedo de algo: de quedarnos sin comida, de que nos mate el enemigo, de envejecer, de los vecinos— y entonces el Estado nos protege y alguna religión nos protege.

Para eso tenemos que creer: creer que hay un buen presidente o líder que sabe lo que hace y nos guiará con éxito, que hay un Dios que nos quiere y nos cuida.

Ello porque, bien lo definió Kant: “…El ser humano es el único animal que necesita un líder para vivir”.

Mucho de lo que pase de ahora en más dependerá de que sepamos encontrar la forma de superarlo, olvidar el miedo, deshacernos del miedo y sus efectos.

Según lo sostiene la escritora Anna North: “Los brotes generalizados de enfermedades, tienen el potencial de sacudir a las sociedades para que adopten nuevas formas de vida…”.

Todas las precauciones son pocas: el mundo y la economía han cambiado, y mucho, desde entonces. Pero la epidemia de gripe de principios del siglo pasado, según estiman los investigadores Sergio Correia, Stephan Luck y Emil Verner, también dejan algunas lecciones válidas para afrontar el choque económico del coronavirus. Entre ellas: “… que las ciudades que se adelantaron en la toma de medidas de distanciamiento social y fueron más agresivas en su aplicación “no solo no tuvieron un desempeño peor, sino que crecieron más rápido cuando la pandemia pasó”. Y que “las intervenciones no farmacológicas [entre ellas, el cierre de colegios, teatros e iglesias; la prohibición de reuniones públicas y funerales; la puesta en cuarentena de los casos sospechosos y la restricción de apertura de negocios] no solo redujeron la mortalidad: también mitigaron las consecuencias económicas adversas de la pandemia”, cierran los investigadores.

En el caso de nuestra provincia, de las políticas sanitarias, posibilitaron afrontar en mejores condiciones las contingencias derivadas de la Pandemia. Resulta menester señalar, que entre las decisiones adoptadas, existen hechos positivos que van más allá de las que comprenden lo farmacológico y que no registra parangón en la historia de nuestra provincia, dejando al descubierto actitudes mezquinas y deshumanizadas de sectores políticos /empresariados, y hasta de personajes en espacios de un organismo de la constitución, con responsabilidades especificas de cuidar la justicia, quienes desnudaron sus miserias e insensibilidad e irresponsabilidad, al extremo de hasta poner en riesgo la salud y la vida de los habitantes de nuestra provincia. Puede afirmarse que la desidia de un Juez y la incomprensión (¿?) o necedad de algunos profesionales -hoy todos candidatos a cargos políticos electivos-, fueron los que abrieron las puertas de la tranquera para que el Cuarto Jinete se lanzara a correr por el territorio provincial liberando la enfermedad que terminó con miles de vida de formoseños. Estas acciones y consecuencias, originadas en actos impulsados por personas que habitan nuestra provincia y hasta llegan a un extremo cuasi pornográfico de plantearse asumir la representación popular, debe merecer el repudio del pueblo, claro está a menos que exista o esté en curso también, una suerte de pandemia de pérdida de la memoria, insolidaridad para con las familias que perdieron a sus seres queridos y la propia dignidad.

La instancia del próximo domingo es una oportunidad para manifestarse por la revaloración de la vida y la vocación de Fe cristiana de nuestro Pueblo, para seguir construyendo una comunidad organizada que permita avizorar un horizonte de futuro promisorio.

Finalmente, y en la misma línea de cuidarnos entre todos, comparto las reflexiones del Santo Padre Francisco, cuando refiriéndose a la

Pandemia expresó: “…Si actuamos como un solo pueblo incluso ante las otras epidemias que nos acechan, podemos lograr un impacto real”, Francisco concluye su meditación, llamando a todos a no tener miedo y a dejarse transformar por la crisis actual. «No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de [email protected] Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos».

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