“La falta de profesionales de la kinesiología es una problemática que se siente en Capital, y en el interior aún más”, sostuvo Patricia Ribero

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Lo remarcó la licenciada Patricia Ribero en diálogo con La Mira Central en la previa a las celebraciones por el Día del Kinesiólogo, que se conmemora en el país cada 13 de abril en homenaje a la primera escuela de kinesiología creada en un ámbito universitario en 1937 en Buenos Aires, y reconocida posteriormente por decreto del presidente Juan Domingo Perón en el 50.

“La kinesiología es una profesión joven en el área de la salud pero con un montón de ramas y especialidades dedicadas a la recuperación o rehabilitación total o parcial de un paciente que necesita, determinadas atenciones, para recuperar condiciones o funciones físicas para regresar a la normalidad. En la actualidad, su aporte médico abarca desde soluciones traumatológicas, musculares y hasta mejoras pulmonares y respiratorias”, precisó Ribero, que se desempeña como kinesióloga en terapia intensiva del hospital de Alta Complejidad en la ciudad de Formosa.

Acerca de una mirada local de la profesión, Ribero remarcó que la provincia tiene un limitado plantel de especialistas en kinesiología que se resiente, especialmente, en el ámbito de la atención pública.

“No hay tantos kinesiólogos. Es una problemática la falta de recursos humanos, que se siente en líneas generales en Capital y aún más en el interior de Formosa. Es una carrera con tantas especialidades que no alcanza a cubrir la demanda, en muchos casos.  Tenemos kinesiólogos en la parte privada o consultorio externo, pero faltan en hospitales públicos”, dijo.

Y agregó: “Es un campo laboral muy grande, y a la vez, una oportunidad para que más jóvenes elijan esta carrera universitaria, que demanda dedicación y mucha entrega y empatía con los pacientes, que generalmente llegan con quejas, dolores y malestares. Si realmente no hay amor por la actividad, es muy difícil sostener el día a día”.

En su caso particular, Ribero señaló que se acercó a la kinesiología desde una edad muy temprana, acompañando rehabilitaciones periódicas de una abuela que padecía Parkinson y un hermano que estuvo hospitalizado por un problema traumatológico.

“Desde chiquita vi lo que hacía la kinesiología y me fue gustando. Pero llegué a amar la profesión a partir de que me recibí y traté con pacientes. Aprendí que la empatía y el contacto diario son los medios o recursos para ejercer la actividad diaria con placer y compromiso”, concluyó.

 

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