El detrás de escena del trágico tiroteo que enmudeció el comienzo del Mundial de Fútbol femenino en Australia

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Nadie se lo esperaba. En una sociedad ordenada, monótona y tranquila, en la que los habitantes transcurren su cotidianidad casi sin sobresaltos, el comienzo del Mundial de fútbol femenino parecía ser el punto máximo de las sensaciones activadas. Sin embargo, el destino tenía preparado un giro inesperado para la apacible Auckland: un hombre de 24 años desató una tragedia en el hotel donde se concentra la Selección de los Estados Unidos.

Este jueves, alrededor de las 7 de la mañana, el tirador ingresó en una obra en construcción en la céntrica zona de Queen Street y, por motivos que aún desconocen, abrió fuego contra los presentes: mató a dos personas e hirió a otras 10. Luego, el agresor fue abatido por la policía.

“Esas cosas no pasan acá”. Esa es, tal vez, la frase que más se repite con el correr de las horas, porque el violento episodio está en boca de todos en la ciudad más poblada de Nueva Zelanda. Desde los choferes de Uber hasta los argentinos radicados en la zona coinciden en el diagnóstico, según los relevamientos realizados por TN en las horas posteriores al feroz hecho.

El tiroteo de Auckland les duele a los locales. Les duele por lo impensado, por estar fuera de la lógica que impera en su realidad: un episodio violento como el de la mañana está fuera de sus parámetros de entendimiento del día a día.

Cuestionamientos por estas horas hay muchos. En redes sociales, muchos usuarios neozelandeses se preguntan sobre todo por el origen del arma del tirador, un hombre que cumplía prisión domiciliaria por un caso de violencia de género y que solo podía salir a trabajar.

Sin embargo, esta vez, Nueva Zelanda se rigió por un principio que ha sido adoptado muchas veces en la historia: el de “El show debe continuar”. Lo cierto es que nunca hubo dudas sobre la realización del partido inaugural entre las locales y la selección de Noruega, que finalmente se disputó en el Eden Park, a menos de diez minutos de distancia de donde ocurrió la matanza.

Nadie se lo esperaba. En una sociedad ordenada, monótona y tranquila, en la que los habitantes transcurren su cotidianidad casi sin sobresaltos, el comienzo del Mundial de fútbol femenino parecía ser el punto máximo de las sensaciones activadas. Sin embargo, el destino tenía preparado un giro inesperado para la apacible Auckland: un hombre de 24 años desató una tragedia en el hotel donde se concentra la Selección de los Estados Unidos.

Este jueves, alrededor de las 7 de la mañana, el tirador ingresó en una obra en construcción en la céntrica zona de Queen Street y, por motivos que aún desconocen, abrió fuego contra los presentes: mató a dos personas e hirió a otras 10. Luego, el agresor fue abatido por la policía.

“Esas cosas no pasan acá”. Esa es, tal vez, la frase que más se repite con el correr de las horas, porque el violento episodio está en boca de todos en la ciudad más poblada de Nueva Zelanda. Desde los choferes de Uber hasta los argentinos radicados en la zona coinciden en el diagnóstico, según los relevamientos realizados por TN en las horas posteriores al feroz hecho.

El tiroteo de Auckland les duele a los locales. Les duele por lo impensado, por estar fuera de la lógica que impera en su realidad: un episodio violento como el de la mañana está fuera de sus parámetros de entendimiento del día a día.

Cuestionamientos por estas horas hay muchos. En redes sociales, muchos usuarios neozelandeses se preguntan sobre todo por el origen del arma del tirador, un hombre que cumplía prisión domiciliaria por un caso de violencia de género y que solo podía salir a trabajar.

Sin embargo, esta vez, Nueva Zelanda se rigió por un principio que ha sido adoptado muchas veces en la historia: el de “El show debe continuar”. Lo cierto es que nunca hubo dudas sobre la realización del partido inaugural entre las locales y la selección de Noruega, que finalmente se disputó en el Eden Park, a menos de diez minutos de distancia de donde ocurrió la matanza.

La argentina que llegó primera a la zona del tiroteo

Como todas las mañanas desde que llegó a Auckland, Maia se despertó dispuesta a ir a hacer “guardia” en la puerta del hotel de la Selección de Noruega con el objetivo de llegar a una de sus grandes ídolas del fútbol: la delantera Ada Hegerberg.

Sin embargo, la rutina de esta fanática argentina que viajó a Nueva Zelanda solo para presenciar el Mundial se vio modificada desde temprano, cuando las persistentes sirenas llamaron su atención y la llevaron a abandonar el cuarto de su hotel ubicado en el centro de la ciudad. Su curiosidad pudo más: salió a la calle y se encontró con un panorama realmente desolador.

Todas las calles estaban cortadas y lo único que se veían eran patrulleros, vehículos de los distintos servicios de emergencia y móviles de prensa que ya empezaban a informar sobre el ataque de un tirador y sus fatales consecuencias. Fue así como la argentina entendió que todo ese escándalo no era un artilugio de los neozelandeses para desconcentrar a sus rivales a horas del partido, sino que se trataba de algo realmente serio.

“Cuando escuché las sirenas me preocupé, porque eran muchas”, le contó Maia a TN. Y continuó: “Fui a ver qué pasaba, de chusma, y había cinco manzanas cortadas en una zona muy turística”. Poco a poco, luego de charlar con los locales, la fanática argentina se fue enterando de lo que realmente ocurría.

“El incidente de ninguna manera estuvo relacionado al Mundial femenino”, recalcó de manera contundente la FIFA a la hora de explicar la decisión que tomó de sostener el partido inaugural del torneo y de ordenar la realización de un minuto de silencio para homenajear a las víctimas fatales.

De todos modos, el Fan Fest de Auckland estuvo cerrado y recién volverá a abrir sus puertas este viernes. En la ciudad que debía conmoverse por el deporte, la tragedia dijo presente y dejó pasmados a sus habitantes.

Como todas las mañanas desde que llegó a Auckland, Maia se despertó dispuesta a ir a hacer “guardia” en la puerta del hotel de la Selección de Noruega con el objetivo de llegar a una de sus grandes ídolas del fútbol: la delantera Ada Hegerberg.

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