_»La inflación es siempre un problema político antes que económico». Aldo Ferrer_
En Argentina, la inflación es un fenómeno omnipresente, y su medición oficial se ha convertido en un terreno de disputa.
Cada mes, el INDEC publica el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que busca reflejar la variación del costo de vida. Sin embargo, hay una brecha cada vez mayor entre las cifras oficiales y la realidad que viven millones de argentinos.

Esto se debe a que el IPC es solo una foto parcial de un problema estructural. Hay productos y factores que quedan fuera de la medición, mientras que otros están ponderados de una manera que no siempre refleja el impacto real en la economía cotidiana.
Y mientras el gobierno de Javier Milei se jacta de una supuesta «desaceleración» de la inflación, el impacto en los bolsillos sigue siendo devastador.
1. ¿Qué mide el IPC y qué deja afuera?
El IPC del INDEC incluye una canasta de bienes y servicios que representan el consumo promedio de los hogares: alimentos, transporte, educación, salud, entre otros.
Sin embargo, hay elementos clave que no están en la ecuación, y su exclusión distorsiona la percepción de la inflación real.
A. Bienes y servicios fuera del radar:
* Automóviles importados y bienes de lujo
* Joyas, obras de arte y relojes
* Equipos electrónicos de alta gama
Servicios de inversión y activos financieros
Estos productos pueden parecer poco relevantes para la mayoría de la población, pero su exclusión del IPC significa que no se capta cómo la inflación golpea a la clase media y media-alta, sectores que ven encarecidos sus ahorros y bienes de capital.
B. El dólar y la dolarización de la economía real
El precio del dólar no es parte del IPC, pero su impacto es omnipresente. En un país donde el dólar es el refugio natural contra la inflación, su variación incide en alquileres, insumos industriales, bienes durables y hasta en servicios.
El argentino promedio no piensa en pesos a largo plazo; piensa en dólares.
Pero el IPC sólo mide precios en pesos, lo que genera una distorsión en la percepción de la inflación real.
Si el dólar se dispara y los precios en pesos aumentan en consecuencia, el índice no refleja esta presión hasta que los ajustes se trasladan a la canasta medida.
C. La economía informal: el elefante en la habitación
Se estima que el 40% de la economía argentina opera en negro.
Esto significa que una parte significativa de la población compra productos en mercados no regulados, paga alquileres sin contrato y accede a servicios fuera del sistema bancario.
Estos precios no siempre coinciden con los registrados en el IPC. En muchos casos, la inflación real en la economía informal es aún más alta que la oficial, porque los sectores más desprotegidos no tienen acceso a precios regulados o descuentos.
D. Tasas de interés y costo del crédito
El IPC mide precios al contado, pero en un contexto de crisis, cada vez más argentinos dependen del financiamiento para llegar a fin de mes.
La tasa de interés de las tarjetas de crédito y préstamos personales supera el 100% anual, encareciendo cualquier compra.
Si alguien compra un electrodoméstico en cuotas, el INDEC registrará solo el precio del producto, sin incluir los intereses.
En la práctica, ese bien termina costando mucho más, pero esa diferencia no se refleja en la inflación oficial.
E. Productos degradados: pagamos lo mismo, pero recibimos menos
Muchas empresas recurren al «shrinkflation»: reducir la cantidad de producto sin bajar el precio. El paquete de fideos de 500 gramos ahora tiene 450. El yogur de 200 gramos pasó a 180.
Esta estrategia encubre la inflación, ya que los precios aparentan mantenerse estables, pero el consumidor está pagando más por menos producto. Sin embargo, estos cambios no se ajustan en el cálculo del IPC.
2. La trampa de Milei: menos inflación, más recesión
El gobierno celebra que la inflación se desacelera, pero ¿a qué costo? La respuesta es simple: ajuste brutal y destrucción del consumo.
La inflación baja porque la demanda colapsa.
La recesión congela los precios, pero a costa del cierre de negocios y despidos masivos.
Los salarios pierden contra la inflación, deteriorando el poder adquisitivo.
La paradoja es que, si bien la inflación mensual se reduce, la pobreza y el desempleo aumentan.
No hay inflación si no hay consumo, pero el precio a pagar es la agonía económica de millones de argentinos.
3. Criminalización de la protesta: cuando la represión es la respuesta
En este contexto, el reclamo de los jubilados por la recomposición de sus haberes es legítimo. Sin embargo, el gobierno no solo se niega a reconocer el problema, sino que ha respondido con violencia y desinformación.
La brutal represión durante la última protesta en el Congreso fue un punto de quiebre.
La imagen de una jubilada con la cabeza ensangrentada recorrió el país, así como el caso de Pablo Grillo, el fotoperiodista que quedó en coma tras ser alcanzado por una granada de gas lacrimógeno.
La respuesta del gobierno fue aún más alarmante: Patricia Bullrich acusó a los manifestantes de intentar un “golpe institucional”, una afirmación sin sustento que solo busca justificar la represión.
Decir que una protesta social es un intento de golpe es una estrategia peligrosa. Es un mensaje claro: cualquiera que se oponga a las políticas del gobierno será considerado un enemigo del Estado.
4. Conclusión: ¿una inflación más baja, o solo un país más pobre?
El IPC del INDEC es una referencia, pero no la verdad absoluta. No mide el impacto de la inflación en la clase media.
No refleja el golpe en la economía informal.
No capta la dolarización del costo de vida ni el deterioro de la calidad de los productos.
El gobierno de Milei podrá mostrar un descenso de la inflación, pero el verdadero costo es la caída del poder adquisitivo y el empobrecimiento generalizado.
Aldo Ferrer lo dijo con claridad: «La inflación es un problema político antes que económico».
Mientras el gobierno siga priorizando el ajuste sobre el crecimiento, la Argentina seguirá atrapada en el círculo vicioso de crisis, pobreza y descontento.
Y las cifras del INDEC, por más bajas que sean, no cambiarán esa realidad.




