– La naturalización de las barras bravas en el contexto sociopolítico argentino: un análisis interdisciplinario
«La violencia es el miedo a los ideales de los demás». Mahatma Gandhi
El 12 de marzo de 2025, una marcha de jubilados en Buenos Aires derivó en enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
La protesta, que inicialmente buscaba reivindicar derechos previsionales, contó con la participación de hinchas de fútbol y sectores de izquierda, resultando en una represión que dejó múltiples heridos y detenidos.

Este ensayo aborda, desde diversas disciplinas académicas, la problemática de la naturalización de las barras bravas en el ámbito político y su impacto en la legitimidad de las protestas sociales, así como la respuesta represiva del gobierno de Javier Milei y si, lejos de ser una reacción espontánea ante el caos, no es en realidad parte de una estrategia para profundizar su plan de desmantelar el Estado y consolidar un nuevo orden basado en la eliminación de la resistencia social.
Perspectiva filosófica: ética y violencia en la protesta social
Desde la filosofía política, la legitimidad de una protesta se fundamenta en su adhesión a principios éticos que rechazan la violencia como medio de expresión.
La incorporación de barras bravas, conocidas por su historial de conductas violentas, plantea dilemas éticos sobre la pureza de las reivindicaciones sociales. Hannah Arendt, en Sobre la violencia, distingue entre poder y violencia, señalando que la verdadera fuerza de una causa radica en su capacidad de movilizar sin recurrir a la coacción física.
La presencia de grupos violentos puede, por tanto, deslegitimar el reclamo de los jubilados al asociar sus demandas con el desorden y la agresión.
Sin embargo, cabe preguntarse si la violencia no es un recurso funcional para ciertos actores que buscan canalizar la protesta hacia un escenario de confrontación.
Si Milei apuesta a la doctrina del shock -como lo han analizado Naomi Klein y otros teóricos del neoliberalismo radical-, la estrategia de infiltrar o permitir la irrupción de barras bravas y sectores violentos en manifestaciones legítimas le serviría para justificar un Estado cada vez más autoritario y represivo, generando un enemigo interno que le permita avanzar sin obstáculos.
Análisis económico: impacto de las políticas de ajuste en sectores vulnerables
Desde la economía, las políticas de ajuste implementadas por el gobierno de Milei han afectado significativamente a los jubilados, reduciendo su poder adquisitivo y acceso a servicios básicos. Esta situación ha generado un clima de descontento que facilita la incorporación de actores diversos en las protestas, incluyendo a las barras bravas.
La teoría económica sugiere que en contextos de austeridad, los grupos marginalizados buscan alianzas para amplificar su voz, aunque estas puedan ser contraproducentes si los aliados carecen de legitimidad social.
Ahora bien, si el plan económico de Milei no contempla la reactivación del consumo ni la recuperación del tejido social, sino simplemente la aniquilación del Estado de bienestar, la represión a sectores vulnerables no sería solo un medio de control, sino un mensaje disciplinador: la eliminación del Estado va de la mano con la eliminación de cualquier forma de resistencia popular.
La reducción de derechos y la imposibilidad de canalizar reclamos dentro del marco democrático podrían empujar a más sectores a la confrontación directa, lo que reforzaría el argumento del gobierno sobre la necesidad de una respuesta cada vez más dura.
Visión desde las ciencias sociales: construcción social de las barras bravas
Las ciencias sociales han documentado cómo las barras bravas en Argentina han evolucionado de simples grupos de aficionados a actores con influencia en ámbitos políticos y económicos.
Su naturalización en el tejido social se ha visto facilitada por relaciones con dirigentes deportivos, políticos y actividades ilícitas.
Esta cooptación institucional les otorga un poder que trasciende lo deportivo, permitiéndoles incidir en movilizaciones sociales.
Sin embargo, su participación puede desviar la atención de las demandas legítimas hacia la violencia, afectando la percepción pública de las protestas.
Desde esta perspectiva, la pregunta clave no es solo si las barras bravas restan legitimidad a las protestas, sino quién las utiliza y con qué propósito.
Si su irrupción permite justificar el endurecimiento represivo y la criminalización de la protesta social, entonces la tolerancia del gobierno hacia su accionar -y el oportunismo de ciertos sectores políticos que los integran a las manifestaciones- puede ser una táctica para fortalecer la idea de que solo la «mano dura» puede restaurar el orden.
Ciencia política: instrumentalización de las barras bravas por actores políticos
La ciencia política analiza cómo ciertos actores utilizan a las barras bravas como fuerzas de choque o movilización en contextos electorales o de protesta. Esta instrumentalización erosiona la calidad democrática al introducir elementos coercitivos en la esfera pública.
El caso de Raúl Othacehé en Merlo ejemplifica cómo líderes políticos han empleado a estos grupos para intimidar opositores y mantener el control político.
En el caso de Milei, su gobierno no se caracteriza por una alianza con las barras bravas en términos tradicionales, pero sí por el uso estratégico del conflicto.
Su enfoque político no parece ser la conciliación ni la búsqueda de acuerdos, sino la radicalización de la polarización.
Más aún, los medios de comunicación han jugado un rol clave en esta estrategia.
La mayoría de los periodistas y medios militan abiertamente, ya sea para la oposición o para el propio Milei, construyendo una narrativa donde cualquier protesta social es demonizada.
Un ejemplo extremo fue lo ocurrido en Radio Rivadavia, donde se llegó a calificar la manifestación de jubilados como un «atentado contra el sistema democrático».
Esto nos obliga a preguntarnos qué tan democrático es un presidente que gobierna bajo un sistema de excepción permanente, eludiendo el Congreso mediante Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), al mismo tiempo que genera violencia con sus constantes ataques discursivos contra sectores opositores y la sociedad en general.
Comunicación social: representación mediática y percepción pública
Desde la comunicación social, la cobertura mediática de las protestas influye en la percepción pública. La focalización en actos violentos protagonizados por barras bravas puede eclipsar las demandas legítimas de los jubilados, moldeando una narrativa que deslegitima la protesta.
Pero si el gobierno tiene control sobre la agenda mediática, como lo muestra la construcción de discursos en Radio Rivadavia y otros medios afines, el mensaje de represión y control se refuerza aún más.
Conclusiones
La incorporación de barras bravas y sectores violentos en las protestas de los jubilados en Argentina presenta un desafío multidimensional.
Si bien busca fortalecer la visibilidad de las demandas, su efecto puede ser contraproducente al asociar la causa con la violencia, deslegitimando el reclamo y justificando respuestas represivas por parte del Estado.
La respuesta del gobierno de Milei, caracterizada por una fuerte represión, no parece ser solo una reacción a los disturbios, sino parte de una estrategia más amplia de consolidación del poder mediante la polarización social.
Y si además cuenta con el respaldo de medios de comunicación que encuadran cada manifestación como un «ataque a la democracia», entonces el objetivo de construir una dictadura de mercado bajo un sistema de represión permanente está cada vez más cerca.




