Este jueves por la mañana en su despacho de Casa de Gobierno, el gobernador Gildo Insfrán recibió a (casi) todos los intendentes de la provincia, donde hizo una fuerte bajada de línea política, que fue leída como un reproche, ya que les pidió que “salgan a caminar”.

Desde el oficialismo llamaron a esta puesta en escena como «reunión». Pero la realidad no miente: más que una reunión, como siempre sucede, es más bien un monólogo que ejecuta Insfrán desde la punta de la mesa. Y terminan aplaudiendo a rabiar todos los presentes.
Recibimiento frío
El que continúa de estreno en encuentros políticos de este tipo es Ariel Cañiza, concejal de Clorinda, que está a cargo de la intendencia por la desaparición física de Manuel Celauro.
Solamente algunos de los ahora colegas jefes comunales le dieron la bienvenida, otros solo optaron por un saludo casual.
Histórica ruptura del gildismo
El comentario por lo bajo de la «reunión» fue que por primera vez hubo ausencias, como no sucede desde hace mucho tiempo. Ya que siempre que Insfrán convocaba a reuniones acudían todos los jefes comunales de la provincia. Pero esta vez fue la excepción histórica, ya que no estuvieron presentes dos intendentes: Las Lomitas ni Laguna Yema.
Tanto Atilio Basualdo como Nilton Werning optaron por tomar distancia de un modelo político que tiene fecha de vencimiento. Y no solo a nivel provincial: ya que a nivel nacional el PJ también tiene agotada la forma verticalista y autoritaria de imponer el poder. Ya no hay un pensamiento único y eso se nota.
En Formosa, estas ausencias hablan de una histórica ruptura del Gildismo: ya no es el monolito inquebrantable que era hasta hace poco, cuando tenía a su merced a todos los jefes comunales que le obedecían ciegamente y se aseguraba que se haga su voluntad en todas las localidades de la provincia.
Ahora la cosa cambió y veremos cómo evoluciona, ya que no hay registros de una situación similar de ruptura en el peronismo formoseño. Para comparar con algo similar, tendremos que ir atrás en el tiempo hasta quizás 1999, cuando ocurrió la gran ruptura Gildo-Joga.




