- Contexto de la Propuesta
La iniciativa de elevar la edad para jubilarse, tal como la ha planteado Javier Milei, se ubica dentro de un debate con múltiples aristas en Argentina y en otros países de la región. Un primer elemento a considerar es la situación demográfica actual: la esperanza de vida ha aumentado (alrededor de 76 años para los hombres y 82 para las mujeres, según proyecciones del INDEC), mientras que la tasa de natalidad ha descendido en las últimas décadas.
Este cambio poblacional implica un creciente porcentaje de personas mayores que ejercen presión sobre el sistema previsional.
En simultáneo, cerca del 36% de los asalariados en Argentina permanece en la informalidad (datos del Ministerio de Trabajo y estimaciones de la OIT), lo cual merma la recaudación previsional y condiciona la capacidad de sostenimiento del sistema en el largo plazo.
- Sostenibilidad del Sistema Previsional
Desde el enfoque económico y financiero, el desafío central radica en la relación entre aportantes y beneficiarios.
Como subrayó Raúl Prebisch, economista latinoamericano influyente, la sostenibilidad de cualquier política social requiere un equilibrio estructural que considere las asimetrías internas del país.
Datos relevantes:
Según cifras oficiales, la tasa de dependencia (personas en edad pasiva vs. población en edad activa) crece progresivamente, proyectándose que alcance a un 26% en 2050.
Las moratorias previsionales han logrado ampliar la cobertura a casi el 90% de los mayores de 65 años, pero a costa de incrementar el déficit del régimen previsional.

Subir la edad jubilatoria a 67 o 70 años (dependiendo de la propuesta) podría, en teoría, aliviar la presión fiscal a corto y mediano plazo.
Sin embargo, una mirada puramente economicista corre el riesgo de omitir factores sociales y humanos fundamentales.
- Perspectiva Social y de Salud
Los sistemas previsionales no solo constituyen un pilar financiero, sino también un instrumento de bienestar social. Como resaltó el sociólogo Orlando Fals Borda, las políticas públicas deben poner en el centro la dignidad de las personas y su plena inclusión.
Salud Física y Mental: Extender la vida laboral sin considerar condiciones de trabajo adecuadas, reentrenamiento y acceso a la salud puede deteriorar la calidad de vida de los adultos mayores. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que las enfermedades crónicas no transmisibles (diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares) aumentan después de los 60 años, lo que exige ambientes laborales adaptados.
Enfoque de Desarrollo Humano: La prolongación de la vida activa debe acompañarse de políticas de envejecimiento activo, programas de formación y recualificación, y un entorno laboral inclusivo que reduzca la discriminación por edad.
- Marco Jurídico y Derechos Adquiridos
En el plano legal, el sistema previsional es concebido como una garantía de derechos sociales y forma parte de un contrato social implícito entre el Estado y los ciudadanos. Diversas constituciones latinoamericanas, inspiradas en la progresividad de los derechos, exigen que las reformas en la edad de retiro no vulneren el “núcleo duro” de la protección social.
Progresividad de los Derechos: Este principio, reconocido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, impone que las reformas deben mejorar y no retroceder en la protección de los derechos de los adultos mayores.
Principio de Legalidad y No Discriminación: Un cambio abrupto en la edad jubilatoria podría afectar de manera diferenciada a quienes realizaron tareas más extenuantes o poseen menores ingresos, lo que plantea el riesgo de sesgos en la aplicación de la ley.
- Formalización del Empleo: Un Pilar Clave
Antes de pensar en retrasar la edad jubilatoria, numerosas voces -desde organismos internacionales hasta académicos como José Luis Coraggio- insisten en la necesidad de formalizar a los millones de trabajadores que hoy no realizan aportes.
Magnitud del empleo informal: Alrededor del 36% de la fuerza laboral en Argentina está en la informalidad, cifra que supera el 50% en muchos países de la región.
Efecto sobre la caja previsional: Cada trabajador que ingresa a la formalidad aporta al sistema y contribuye a reducir la brecha financiera.
Políticas de incentivo: Reglamentaciones simplificadas para microemprendimientos, subsidios a pequeños empleadores y facilidades de pago podrían acelerar la formalización, generando un círculo virtuoso: mayor recaudación, mayor base de aportantes y menor dependencia de las moratorias.
- El Rol de las Provincias con Cajas Previsionales Propias
Un interrogante clave que surge ante la propuesta de elevar la edad de jubilación es la posición que adoptarán aquellas provincias que no han traspasado sus cajas previsionales a la Nación. Algunas provincias -tales como Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos- mantienen sistemas jubilatorios propios, con normas y requisitos diferentes a los del régimen nacional.
Autonomía Provincial: La Constitución Nacional reconoce facultades a las provincias en materia previsional, de manera que no necesariamente tendrán que alinearse con la propuesta de Milei si el costo social y económico no les resulta beneficioso.
Viabilidad Económica vs. Realidades Locales: Elevar la edad jubilatoria en esas jurisdicciones podría requerir reformas legales y consensos políticos específicos, sumado a la necesidad de evaluar impactos diferenciados en su propia población de trabajadores y jubilados.
Decisión Propia o Armonización: La pregunta es si dichas provincias seguirán la línea de una reforma nacional, buscando homogeneizar requisitos y aliviando la carga fiscal, o si preferirán sostener sus regímenes actuales, atendiendo su realidad local y ejerciendo la autonomía que tienen sobre sus sistemas previsionales.
Este dilema pone de relieve la complejidad del federalismo en Argentina, donde la sostenibilidad de los sistemas jubilatorios está directamente relacionada con las circunstancias y prioridades de cada jurisdicción.
- Un Enfoque Multidimensional
Algunos expertos, inspirados en el pensamiento de José Carlos Mariátegui, señalan la relevancia de un enfoque que combine la economía con la realidad social y cultural de nuestro continente.
Reducir el debate previsional a la necesidad de equilibrar cuentas públicas podría resultar miope si no se atienden:
* El bienestar integral de los mayores,
* La democratización de las oportunidades laborales,
* El fortalecimiento de la economía real,
* Las garantías jurídicas de las personas trabajadoras,
* Las particularidades federales y provinciales.
- Conclusiones
La propuesta de aumentar la edad jubilatoria, tal como la plantea Milei, surge en un contexto donde la ecuación entre recaudación y egresos del sistema previsional requiere soluciones urgentes.
Sin embargo, una visión estrictamente economicista pasa por alto elementos vitales: la salud y calidad de vida de los adultos mayores, la legalidad y progresividad de los derechos previsionales, la gran deuda pendiente en la formalización del empleo y, además, la autonomía de las provincias que administran sus propias cajas.
La verdadera fortaleza del sistema previsional no proviene únicamente de aplazar la edad de retiro, sino de incorporar a más trabajadores a la economía formal, promover mejores condiciones laborales a lo largo de la vida activa y asegurar que las futuras generaciones disfruten de una vejez digna.
Al final, se trata de un contrato social que debe privilegiar la inclusión, la justicia y la humanidad por encima de los meros números.
En definitiva, para abordar el desafío previsional en toda su complejidad, resulta necesario articular políticas de desarrollo productivo, fortalecimiento laboral y bienestar social, entendiendo que cada persona mayor es portadora de derechos que van más allá de cualquier cálculo contable.
En ese camino, las provincias que sostienen regímenes previsionales propios también deberán reflexionar si alinearse con la propuesta nacional o preservar su autonomía, ponderando tanto la sostenibilidad financiera como la protección de los derechos adquiridos de sus jubilados.




