La coyuntura política argentina se ha visto atravesada, en los últimos tiempos, por un proceso de aparente apatía de los actores tradicionales frente a un “ajuste” económico que derivó en recesión, despidos masivos y el quiebre de numerosas pequeñas y medianas empresas.
Concretamente, llama la atención la falta de reacción de un sector históricamente movilizador, como el peronismo, que en otras etapas habría manifestado una oposición más contundente.
La emergencia y consolidación de figuras políticas disruptivas, particularmente la de Javier Milei, conforman un escenario complejo que invita a reflexionar, desde perspectivas tanto filosóficas como de las ciencias políticas y sociales, acerca de la naturaleza de este fenómeno, la supuesta fragmentación del peronismo y el posible desgaste de sus discursos y prácticas.

1. El desgaste de las metáforas políticas: una aproximación filosófica
La consideración de cómo el lenguaje político se torna ineficaz o desgastado remite a reflexiones filosóficas clásicas y contemporáneas.
Friedrich Nietzsche, en su obra Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, alude a la manera en que las “viejas metáforas” pierden paulatinamente su fuerza originaria y se transforman en conceptos carentes de vitalidad.
Para Nietzsche, estas metáforas constituyen los cimientos de todo nuestro pensamiento y lenguaje, pero, al ser reutilizadas sin la conciencia de su origen, terminan cosificándose en fórmulas rígidas y vacías.
En la arena política argentina, el peronismo ha construido históricamente un conjunto de “metáforas” -la justicia social, la soberanía política, la independencia económica- que en muchos momentos mantuvieron su potencia simbólica.
Sin embargo, la crisis económica y la falta de una reacción enérgica contra las políticas de ajuste sugieren, en consonancia con las reflexiones nietzscheanas, que buena parte del discurso peronista (y de otros partidos tradicionales) podría haber caído en la inercia.
Estas grandes “metáforas fundacionales” se habrían transformado en “fórmulas desgastadas”, cuya reiteración sin actualización pierde efectividad en la interpelación de las bases y de la sociedad en general.
La filosofía política contemporánea, por su parte, ha examinado cómo los relatos colectivos se reconfiguran.
Autores como Michel Foucault han destacado la forma en que el poder atraviesa e inaugura discursos que se consolidan como “verdades” hegemónicas. En el caso actual, la hegemonía discursiva puede estar mutando hacia nuevos referentes, cuyo principal exponente sería Milei, ante la incapacidad de las viejas narrativas de proveer respuestas concretas a la población.
El fenómeno encuentra cierta continuidad en la idea de Ernesto Laclau sobre la construcción de “significantes vacíos”: las consignas y promesas políticas pueden conservar su fuerza solo en tanto mantengan la capacidad de catalizar demandas heterogéneas.
Cuando dichas consignas pierden vitalidad, abren espacio a una nueva significación, lo que tal vez explique el ascenso de un liderazgo disruptivo.
2. El rol de la oposición y la aparente fragmentación del peronismo
El escenario latinoamericano contemporáneo ha sido testigo de variadas experiencias en las que partidos o movimientos históricos se fracturan ante desafíos económicos y sociales.
En Argentina, el peronismo se ha caracterizado tradicionalmente por su capacidad de adaptación y su flexibilidad ideológica, rasgos que le han permitido mantenerse como fuerza mayoritaria a lo largo de décadas.
Sin embargo, en la actualidad, varios analistas sugieren que la falta de una acción opositora contundente ante el ajuste y la recesión revela una profunda fragmentación y fatiga discursiva.
Desde la teoría política latinoamericana, autores como Torcuato Di Tella y Guillermo O’Donnell han estudiado cómo, en periodos de crisis, los movimientos de masas pueden sufrir divisiones internas cuando no ofrecen soluciones concretas a las demandas populares. Esto suele abrir el paso a nuevas expresiones políticas que prometen reformas radicales o cambios de paradigma.
El caso de Milei puede entenderse, en este sentido, como la encarnación de una ruptura con el “modelo tradicional”: su discurso antisistema y su propuesta libertaria captan la atención de sectores que se sienten defraudados por las respuestas insuficientes de la clase política dominante.
La pregunta central -si el peronismo se encuentra definitivamente fragmentado y desgastado- demanda matices. Históricamente, el peronismo ha superado fracturas y se ha reconvertido en diferentes etapas (peronismo ortodoxo, menemismo, kirchnerismo, entre otros). Sin embargo, la novedad radica en la posible incapacidad de articular un relato consistente frente a la crisis actual, dejando un vacío que Milei ha explotado con éxito al proponer conceptos disruptivos -la dolarización, la eliminación de ministerios, la reducción drástica del Estado- que antes eran marginales en el debate público.
3. ¿Cambio de época o fenómeno pasajero?
La cuestión de si Milei representa un nuevo paradigma político o un fenómeno efímero se enmarca en la tensión entre lo coyuntural y lo estructural.
Algunos teóricos de la política latinoamericana han estudiado la emergencia de liderazgos carismáticos (como el caso de Hugo Chávez en Venezuela o el de Jair Bolsonaro en Brasil) que, en sus primeras fases, generaron la impresión de un cambio de época, para luego enfrentarse a límites internos o reconfiguraciones económicas y sociales.
Siguiendo a Max Weber y su tipología del liderazgo carismático, se observa que Milei ha logrado construir un carisma personal basado en la crítica frontal a la clase política, apelando al descontento ciudadano y a la idea de que el sistema está “corrompido”. El carisma tiende a institucionalizarse o desvanecerse con el paso del tiempo.
Una de las claves para determinar si este fenómeno será duradero consistirá en verificar si las propuestas de Milei se traducen en políticas concretas capaces de mejorar las condiciones de vida de la población.
De lo contrario, podría convertirse en una expresión pasajera de descontento, que dé lugar a otro liderazgo o a una reconfiguración de las fuerzas existentes.
Por otra parte, el pensamiento político del siglo XXI ha ofrecido diagnósticos sobre la “hiperfragmentación” del electorado y el auge de la comunicación digital, procesos que favorecen la aparición de líderes que apele(n) directamente a la emotividad y a las redes sociales, esquivando los canales institucionalizados. Este cambio estructural podría sostener la permanencia de Milei en el tiempo, siempre que consiga mantener su narrativa antisistema y canalizar, sin desgastarla rápidamente, la frustración popular.
4. El factor miedo y la “no vuelta” de liderazgos anteriores
Un elemento que no puede omitirse en el análisis es el rol del temor en la configuración de las preferencias electorales.
El apoyo a Milei podría mantenerse alto debido, en parte, al miedo a un regreso de liderazgos del pasado, como el de Cristina Kirchner o el de Mauricio Macri, percibidos por ciertos segmentos de la población como responsables de la situación actual.
Siguiendo algunos enfoques de la psicología política, como el de George Lakoff, las emociones y los marcos cognitivos inciden poderosamente en la toma de decisiones electorales. El electorado puede refugiarse en liderazgos que prometan ruptura antes que continuidad.
Al mismo tiempo, se advierte una mirada estratégica: la oposición (en este caso, un peronismo desarticulado u otras fuerzas) podría preferir no confrontar abiertamente a Milei, dejando que las políticas de ajuste que él impulsa se “quemen” en sí mismas, con la esperanza de que el desgaste lo afecte en el mediano plazo.
Esta postura, sin embargo, arriesga a consolidar la figura de Milei como el único referente con iniciativa real de cambio, por más doloroso que ese cambio sea en términos económicos y sociales.
5. Conclusiones
La falta de reacción política ante un ajuste feroz que derivó en recesión, despidos y quiebras empresariales parece indicar un momento de crisis en la narrativa tradicional de la oposición argentina, con el peronismo en particular como eje histórico de la movilización social. Al aplicarse la reflexión filosófica, se puede detectar un desgaste de las “viejas metáforas” que, en el sentido de Nietzsche, han perdido su impulso y eficacia simbólica.
Este desgaste se traduce en la práctica en un discurso político que no logra interpelar con fuerza a la sociedad y que no ofrece soluciones contundentes a la crisis, abriendo espacio al surgimiento de figuras emergentes.
Desde el punto de vista de las ciencias políticas y sociales, la fragmentación del peronismo y el auge de un liderazgo disruptivo como Milei se explican por una conjunción de factores: el desgaste discursivo, las fracturas internas, el desencanto ciudadano y la apelación a un relato antisistema.
Se abre la incógnita de si la actual coyuntura representa un cambio de época o si se trata de un fenómeno pasajero, condicionado por la rearticulación de los viejos partidos y por la capacidad -o incapacidad- de Milei de consolidar sus propuestas.
Finalmente, la persistencia del apoyo a Milei, incluso frente a un ajuste doloroso, puede atribuirse al temor de ciertos sectores a la repetición de ciclos políticos anteriores y al desencanto con los liderazgos tradicionales. Las emociones, el miedo y las ansias de novedad pueden más que las críticas tangibles al ajuste económico.
En esta encrucijada, el devenir de la oposición argentina, y en particular del peronismo, dependerá de su habilidad para renovar sus metáforas, revitalizar su discurso y recobrar la capacidad de ofrecer soluciones concretas que respondan a las demandas populares.
Solo así podrá reconquistar la confianza de un electorado que hoy, ante la ausencia de reacciones claras, parece inclinarse por la búsqueda de nuevas respuestas, por disruptivas o inciertas que puedan parecer.




