El lema del título es el que utilizó Donald Trump para su ascenso a la Casa Blanca y que lo utiliza para volver al poder. Es una frase simple que remite a un pasado glorioso que fue robado por los que no piensan igual a él. Y el que no piensa igual a él, es objeto de toda la furia. La del líder y de sus fidelizados seguidores.
En honor a Noam Chomsky, a quien el alerta de Clarín me anunció su muerte, pero sólo fue una fake new, una noticia falsa difundida por un medio digital y potenciada por las redes sociales, la intención es reflexionar ¿Por qué la mayoría sigue ciegamente a un autócrata, de EEUU, de Argentina o de El Salvador, aún viendo que sus condiciones de vida no solo siguen igual sino que empeoran. Y empeora la polarización o fragmentación política.
Esto es a propósito que vivimos en una era donde la información y la desinformación circulan con una velocidad vertiginosa, moldeando opiniones y, en muchos casos, determinando el rumbo político de naciones enteras, y contribuye, como el nuevo ágora, a los respaldos de mayorías a autoritarismos.
La preocupación por el respaldo popular a líderes autoritarios no es nueva; intelectuales como Chomsky y Hannah Arendt han ofrecido análisis profundos que ayudan a entender este fenómeno.
Noam Chomsky, en su obra seminal «Los guardianes de la libertad: La economía política de los medios de comunicación», coescrita con Edward S. Herman, describe cómo los medios de comunicación, bajo la influencia de intereses corporativos y políticos, manipulan la información y, por ende, el consenso público.
Este «fabricar consentimiento» se convierte en una herramienta poderosa que facilita la aceptación de políticas autoritarias.
Chomsky argumenta que los medios no solo informan, sino que también estructuran la percepción de la realidad, eliminando voces disidentes y promoviendo narrativas que benefician a una élite privilegiada. Así, el apoyo a líderes totalitarios puede ser visto como una consecuencia directa de esta manipulación mediática.
Hannah Arendt, por su parte, en «Los orígenes del totalitarismo», analiza los factores que contribuyen al surgimiento de regímenes autoritarios.
Arendt sostiene que estos líderes logran movilizar a las masas explotando inseguridades y descontentos sociales.
En tiempos de crisis, ofrecen narrativas simplistas que identifican enemigos comunes y prometen soluciones fáciles a problemas complejos.
Esta fórmula es especialmente efectiva entre aquellos que se sienten marginados por los sistemas políticos y económicos establecidos. La promesa de orden y estabilidad, aunque ilusoria, resulta irresistible para muchos.
«Terminar con la casta» «volver a ser los primeros del mundo» «dolarizar». Algunas frases simples con la cual Javier Milei, nuestro líder autoritario de turno, utilizó y le valieron tanto para llegar al poder.
En el siglo XXI, la dinámica ha evolucionado, y las redes sociales junto con la inteligencia artificial juegan un papel crucial en la configuración del orden público.
Las empresas que gestionan estas plataformas, a menudo monopolios, utilizan algoritmos para personalizar y priorizar el contenido que los usuarios ven. Pero, ¿qué es un algoritmo? Básicamente, es una serie de instrucciones programadas para realizar tareas específicas. En el contexto de las redes sociales, los algoritmos deciden qué información es más relevante para cada usuario, basándose en sus interacciones previas y otros datos recopilados.
Esta personalización puede llevar a la creación de burbujas de información donde los individuos solo ven contenidos que refuerzan sus creencias preexistentes, exacerbando la polarización y haciendo más difícil el acceso a perspectivas diversas.
Los algoritmos, diseñados para maximizar el tiempo de los usuarios en las plataformas, tienden a priorizar contenidos sensacionalistas y divisivos, ya que estos generan más interacciones.
Este ambiente propicia el ascenso de discursos autoritarios que simplifican la realidad y ofrecen soluciones inmediatas a problemas complejos, resonando con un público ya predispuesto por el contenido filtrado que consumen.
La influencia de estas tecnologías y su control monopolístico recuerda los análisis de Chomsky sobre los medios tradicionales, pero con un alcance y una precisión aún mayores.
Mientras que antes los guardianes de la libertad podían ser identificados y criticados con relativa facilidad, hoy los algoritmos operan de manera opaca, dificultando la transparencia y la rendición de cuentas.
En conclusión, el respaldo popular a líderes totalitarios es un fenómeno complejo que puede ser entendido a través de las lentes de Chomsky y Arendt, ampliadas por las realidades del siglo XXI.
La manipulación mediática, el aprovechamiento de inseguridades sociales y el rol de las tecnologías emergentes se entrelazan para crear un entorno donde el autoritarismo puede florecer.
Reflexionar sobre estos aspectos es crucial para fortalecer nuestras democracias y protegerlas de las amenazas que las acechan desde dentro y desde fuera.
Claro que Chomsky es zurdo…




