John Jairo Tréllez, la estrella de las rastas que quedó “en deuda” con Boca: los gestos silenciosos de Maradona y la disco que le recomendó Riquelme

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John Jairo Tréllez
El look actual de Tréllez y la tapa de El Gráfico cuando desembarcó en Boca

En los primeros meses de 1994 circuló por los pasillos de La Bombonera el mito de que el entrenador Cesar Luis Menotti tenía dudas respecto del nombre del centrodelantero a fichar para Boca. Se barajaban dos variantes. Un tal Ronaldo, quien se convirtió con el tiempo en uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol. Y John Jairo Tréllez, el colombiano que finalmente desembarcó en La Ribera hace 27 años.

El “Rasta-gol”, como lo apodó La 12, arribó con algunos pergaminos interesantes. Venía de ser campeón con Nacional de Medellín, de jugar en Suiza y de disputar con la selección Colombia las Copas América de 1987 y 1989. Pero la historia de este delantero no estuvo a la altura de las páginas más gloriosas de la entidad xeneize. “Quedé en deuda con Boca, las cosas no salieron como pensaba. Menotti me dio la número 10, pero no rendí bien. El Flaco fue como mi papá, me mimó y me entendió. Por la hinchada, me transformé en un acérrimo fanático de Boca”, remarcó el centrodelantero.

El colombiano jugó 20 partidos en el Xeneize, anotó dos goles, perdió la final de la Supercopa de 1994 frente a Independiente y en diciembre de ese año emigró al fútbol brasileño, donde también duró poco y nada. “Yo había hablado con Jorge Valdano (ex entrenador del Madrid) que iba a estar seis meses en el equipo argentino y luego me iba al Real Madrid. Boca era un trampolín para pegar el salto a la Casa Blanca”, confesó, aunque la transferencia nunca se realizó.

-¿Se alejó del fútbol?

-No me alejé, hice un receso. Tengo una Fundación Social y Deportiva con programas con el Gobierno de Colombia para formar niños que lleguen al profesionalismo. A veces arrancan, otras se paran. En la actualidad, está parado el proyecto. Trabajo con niños de escasos recursos. Además, tengo un hotel en Turbo, mi pueblo natal, en La Guajira.

-¿Allí nacieron sus gustos por el reggae y las rastas?

-Sí, de chiquito ya escuchaba reggae y amaba a Bob Marley. Mi pueblo queda a orillas del mar, es fronterizo con Panamá. Cuando tuve la oportunidad de ir a Europa mantuve estos gustos. Cuando era niño me controlaban mis padres un poco más, pero de grande pude hacer lo que quería.

-¿Se puede decir que hoy lleva una vida bohemia?

-Sí, bohemia y tranquila junto a mi señora y mis últimas dos niñas. Estoy en mi pueblo, escuchando reggae (suena de fondo “No Woman No Cry” de Bob Marley) y viajando para cualquier parte del mundo. Cuando lo hago, me quedo máximo una semana afuera. Estoy pendiente de mis trabajos y de la Fundación que llevo adelante.

-¿Desde cuándo tiene el pelo largo?

-Desde que estaba en el Sub 20 en 1987. Cuando me fui a Suiza en el 90´, me hice las rastas y no me las saqué más. Siempre dije que me las iba a dejar crecer naturalmente. Desde ese entonces, tengo el pelo largo y no me lo corto. En muchos países tuve dificultades y me preguntaban: ‘¿Por qué no te lo cortas?’. Entonces, les respondía: ‘Si juego mal que me saquen, pero el pelo no me lo corto’.

-¿Es cierto que cuando fue a jugar a Arabia Saudita le pidieron que se cortara las rastas?

-Sí, es verdad, cuando jugué allá. En ese país es complicado, porque no se acepta el pelo largo. Tienen unos policías religiosos que se llaman Mutawa. Un día, en un centro comercial, uno de estos efectivos, por tener el pelo largo. me dijo: “Te tienes que ir porque estás llamando mucho la atención”. Le respondí: “No tengo por qué llamarle la atención a nadie. No me voy del centro. No soy de la religión de ustedes”. Entonces, el efectivo me respondió: “Pero es que aquí estás en Arabia Saudita. Y si no te cortas el pelo, debes irte del centro comercial”. Luego, hablé con el Príncipe y mandó un comunicado al país para que me dejaran quieto. No me volvieron a molestar nunca más. Seguí jugando con las rastas hasta que me vine. Lo único malo de ese país es que no podía salir tanto como lo hacía en Europa, en Colombia o en Argentina.

-¿En Buenos Aires salías bastante?

-Sí, tengo los mejores recuerdos de Buenos Aires. Iba a bailar a un bar de Congreso que me recomendó Juan Román Riquelme (se ríe)

-¿Cuál fue?

-Como sabía que me gustaba el reggae y la música brasileña me dijo que fuera a Maluco Beleza. Y yo me la pasaba ahí (se ríe). Era un bar de un argentino que se había ido a vivir a Brasil y lo montó en Buenos Aires. Los miércoles pasaban música en vivo y se podía cenar. Era un ambiente tranquilo. Además, Néstor Fabbri me habló de los integrantes de Los Cafres ,que eran vecinos. A partir de ahí, me gustó la música de ellos, de los Pericos y del Bahiano. Buena música.

-¿Qué análisis hace de su paso futbolístico por Boca?

-Tengo buenos recuerdos. También de Cesar Luis Menotti que me bancó para que llegase a Boca. Un técnico excepcional pero, lastimosamente, no hicimos una buena campaña. El Flaco fue como mi papá, me mimó y me entendió. No funcioné, pero fue una gran persona. Por la hinchada, me transformé en un acérrimo fanático de Boca. En los partidos locales habíamos jugado muy bien, pero lo máximo que logramos alcanzar fue llegar a la Supercopa 94, que reunía a todos los campeones de la Copa Libertadores.

-¿Con quién se llevaba mejor del plantel?

-Con César, el Mono Navarro Montoya, la Tota Fabbri, los uruguayos Sergio Martínez y el Polilla Rubén Da Silva, a quienes había enfrentado en un Sudamericano juvenil unos años antes… Además, con el Colorado Carlos Mac Callister, el Beto Alberto Márcico y el Chiche Soñora. Cuando llegó Maradona me llevé genial con él, con Claudio Caniggia, también. Con ambos empecé a hacer la rehabilitación de mi rodilla. Era un grupo alegre, pese a que los resultados no nos acompañaron. Igualmente, por naturaleza, los argentinos son muy alegres.

-¿Llegó a jugar con Maradona en Boca?

-No en un partido oficial, pero sí en un amistoso. Diego volvió a entrenar con el plantel de Boca tras cumplir con su sanción deportiva. Salió la nómina para jugar los cuartos de final de la Supercopa 94 y no me habían citado. Como me estaba recuperando y me quería ir de Boca, Maradona le pidió a Menotti que no me citar a disputar la revancha ante River. De esta manera, me fui a jugar un amistoso con Diego y Caniggia. Los tres éramos los delanteros y la rompimos. Al mismo tiempo, el xeneize jugó el Superclásico y no tenía suplentes. Y yo estaba disputando un amistoso con Pelusa y el Pájaro (se ríe).

John Jairo Tréllez
John Jairo en Turbo, su ciudad natal, donde regentea un hotel

-¿Qué tal era Diego como compañero?

-Era muy especial, muy bueno; me trataba sÚper bien. Me acuerdo de que cuando nos íbamos para las duchas empezaba a bailar y era muy alegre. Me decía: “Escúchame colombiano, la música colombiana se baila así”. Cantaba y bailaba en el vestuario, mientras se duchaba. Con Caniggia me tocó hacer la recuperación de mi rodilla. Llegábamos los dos juntos para trabajar en kinesiología y hacíamos trabajos en el gimnasio. Siempre me decía: “Negro, vos con ese lomo sabes cómo nos vamos para Mar del Plata en el verano”.

-¿Por qué no triunfó en el equipo de la Ribera?

-Quedé en deuda con Boca, las cosas no salieron como pensaba. Igual, me trataron bien. Primero me lesioné de la rodilla y fue un momento muy duro. Después, me recuperé y tuve que irme para poder sumar minutos en cancha. Menotti me dio la número 10 y no rendí bien. Me gustó que una vez hice un gol y la hinchada empezó a cantar: “Colombiano, colombiano, rasta-gol”. Me encantó.

-¿Boca era un trampolín para saltar a Europa?

-SÍ, las cosas no me salieron como quería y Boca era un trampolín para ir al Real Madrid. Yo había hablado con Jorge Valdano (ex entrenador de la Casa Blanca) con la idea de estar seis meses en el equipo argentino y luego ir a la Casa Blanca. Pero no se me dio.

-¿Cómo era Menotti como entrenador?

-Una gran persona, alegre y buen compañero. Cuando las cosas no andaban bien, se hacía cargo de la situación y minimizaba el rol del jugador para adoptar la presión que eso generaba. Menotti me hablaba de la hinchada xeneize y me decía que era especial, que siempre exigía y quería ver a su equipo bien arriba, ganando. Había que disfrutar el momento en el campo de juego de la Bombonera, pero al mismo tiempo no debía perder la concentración.

-¿Hubo momentos en los que los hinchas lo insultaron desde las tribunas por su mal desempeño?

-Me pareció una locura. No me molestaba porque llegué preparado de Atlético Nacional de Medellín, aunque la presión en Boca es mayor. Eso era normal, porque si no juego bien no puedo pretender que me tiren ramos de flores. El jugador de Boca debe acostumbrarse a eso. Es un equipo muy grande que mete presión y el futbolista deberá soportarlo.

John Jairo Tréllez
Invitado como panelista de un programa de TV, junto al Tino Asprilla

-¿Sufrió racismo en Argentina?

-No, para nada. Ni yo ni mis hijas, que estudiaron en el mismo colegio que lo hicieron las de Maradona frente a la Universidad de Belgrano. Lastimosamente, no fue lo que yo esperaba. Pero me trataron muy bien.

-¿Supo que Menotti se decidió por usted en lugar de incorporar a Ronaldo?

-Sí, en ese momento teníamos mucha proyección él y yo. Ronaldo jugaba en el Cruzeiro y yo en el Atlético Nacional. Me eligieron a mí y él se fue para el PSV de Holanda.

-Se puso la 10 que utilizó Maradona y Riquelme. La presión que le metió el entrenador…

-Sí, tal cual. Me gustó porque sabía la confianza que me estaba dando Menotti. Me había visto jugar y creyó en mi capacidad para portar la 10 de Boca. Pero no rendí. Fue una pena porque como equipo fuimos un seleccionado de Sudamérica en Boca, por la jerarquía de los jugadores. Recuerdo que Román estaba en el plantel pero no jugaba en Primera, compartíamos entrenamientos. Riquelme se volvió un monstruo en Boca. Me quito el sombrero por él y me alegro mucho de que le esté yendo bárbaro como dirigente.

-¿Ve alguna similitud entre Edwin Cardona y Román?

-Cardona es el Riquelme de Boca en su momento. Edwin es un monstruo y observo que le va bien, se lo merece. Y a Sebastián Villa también. Son jugadores que calzan justo para el club por sus formas de jugar. Qué par de futbolistas. Esas corridas de Villa son excepcionales.

-¿Qué le dejó su paso por la selección Colombia?

-Fue bueno pero pudo ser mejor. Me tocó compartir la última generación buena de jugadores de la talla de Carlos Valderrama, Faustino Asprilla, Freddy Rincón, Adolfo Tren Valencia, Oscar Córdoba… Toda una camada muy buena del fútbol colombiano, arrancando desde la categorías Sub 20. Haber estado durante ese proceso fue muy bueno. Pero mi cuenta pendiente fue no participar de las dos Copas del Mundo de mayores.

-¿Le dolió que Pacho Maturana lo dejara afuera?

-Me dolió mucho porque yo venía con el proceso desde la Sub 17. Pacho me vio crecer en el Atlético Nacional y, a última hora, primero me sacó del Mundial 90 porque dijo que “yo no quise ir a un amistoso”. Ésa su versión de los hechos. Después, quedé afuera de Estados Unidos 94. Estaba jugando en Boca y Pacho habló con Menotti. Le dijo que se llevaba uno de sus mejores jugadores. Jugamos en España contra el Real Madrid…

-¿Por la Copa Iberoamericana?

-Sí, fueron dos partidos. Uno de ida que gana el Madrid 3 a 1 en el Santiago Bernabéu, y la revancha en La Bombonera, que ganamos 2 a 1. Entonces, antes de viajar a España tuve una contusión muscular jugando contra Deportivo Mandiyú por el torneo local. Igualmente, viajé a Madrid con el interés que me observara el técnico de la Casa Blanca, Jorge Valdano, pero al final no jugué. Entonces, me fui al palco a ver el encuentro, me encontré con Valdano y charlamos unos minutos.

-¿Qué le dijo?

-Que le hubiese gustado verme jugar, pero no se dio. Al volver a la Argentina, salió el listado definitivo de los convocados para el Mundial del 94 y no estaba citado. Resulta que Maturana le había dicho a Menotti que me iba a citar y, a la vuelta, no lo hizo. No lo podía creer. A raíz de eso, me desconcentré mucho y me deprimí. Fue la segunda vez que quedaba fuera del Mundial y todavía me duele. Es lo máximo para un jugador representar a tu país en una Copa del Mundo y no lo pude hacer.

-Jugó con Andrés Escobar en el seleccionado colombiano y en Atlético Nacional. ¿Qué recuerda de él?

-Menotti quería a dos jugadores de Atlético Nacional para reforzar a Boca en el verano del 94. Éramos Andrés Escobar y yo, porque necesitaba un zurdo para la zaga central y un delantero. Recuerdo que nos vio en un partido frente a Estudiantes de La Plata. No se dio la llegada de Escobar, pero me contrataron a mí. Pero Andrés estuvo muy cerca de ser jugador xeneize. El día de su muerte el plantel de Boca estaba en La Rioja, festejando el cumpleaños del ex presidente de la Nación, Carlos Menem. Él era hincha de River, pero en la provincia hay muchos boquenses.

-¿Para qué llevó al plantel de Boca a La Rioja?

-Porque quería hacerles un regalo a los hinchas xeneizes y llevó al plantel completo a su provincia. Jugamos un partidito con gente de allá. Luego, fuimos a su rancho. Nos atendió él y su hijo Carlitos, que un tiempo después murió. Cuando llegó para saludarnos, me dijo: “Siento mucho la pérdida de Andrés”. Yo no entendía nada de lo que estaba pasando. Un rato más tarde, Menotti se acercó y me contó: “Qué lástima, mataron a Escobar”. Cuando me enteré, llamé inmediatamente a Colombia y me confirmaron la noticia. Se me vino el mundo abajo. Me tocó duro la muerte de él estando en La Rioja porque, aparte de ser compañero, fue mi amigo.

-Con el Palomo Usuriaga también formó un vínculo cercano?

-Albeiro era un chico especial. Sí, éramos amigos cercanos. Cuando tuvo el problema de doping jugando para Independiente, ese día yo estaba trotando con Diego y Caniggia en el predio de entrenamiento de Boca. Maradona se enteró y me dijo: “Decile al Palomo que me llame”. Yo pensaba que me estaba cargando. Cuando terminó la práctica, Guillermo Coppola (ex representante de Maradona) me dio su número de teléfono. Y me dijo: “Coméntale al Negro que llame a Diego que dijo que lo va a ayudar”. Cuando hablé con Albeiro por la noche, le comenté de esta situación y le dije: “Mañana, Diego te invita a almorzar. Te va a ayudar”. Al día siguiente, Usuriaga lo llamó a Maradona y se reencontraron. Siempre el Palomo estuvo agradecido con Diego porque todo lo que hizo por él.

-¿En que lo ayudó?

-Por el tema del doping. Habló para que le bajaran la sanción porque no era reincidente. También, desde la parte anímica y los consejos que le dio en ese almuerzo para que no decayera. El Diego era un monstruo. Como compañero, era excepcional. Me dio duro su fallecimiento porque había compartido tiempo a su lado. Entrenábamos juntos más allá de que no jugaba en Boca. Estaba suspendido por el doping positivo del Mundial de Estados Unidos. Menotti lo invitaba a entrenar e iba. Conversaba con nosotros y nos alentaba. Era una persona alegre. Me hubiera gustado estar en Argentina y acompañar, pero por esta pandemia no pude hacerlo. Iba a ir a ver la Copa América pero tampoco puedo viajar.

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