Una promesa sobre ruedas: la increíble historia del fanático de Racing que tuneó su auto con la imagen de Lisandro López

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Rubén Robol muestra con orgullo al auto académico

Gracias por volver, ídolo

Nooo, yo no soy ídolo. Todavía no salí campeón en Racing. Ojalá algún día pueda lograrlo.

¡Dios quiera! Y ojalá que yo esté vivo para poder plotear el auto con tu figura.

No maestro… usted está loco…

El diálogo entre el delantero y el hincha se remonta a diciembre de 2015, unos días después de que se concretara el regreso de Lisandro López a la Academia.

Hay promesas en el mundo del fútbol que se basan en tatuajes impactantes, banderas con pedidos de disculpas, dietas insólitas o sacrificadas caminatas a Luján. Muchos se animan a realizar locuras que van más allá de cualquier comportamiento racional. Y ese es el caso de Rubén Rolando Robol, un fanático de Racing que unió su pasión con el auto que lo traslada a diario a la filial que fundó en Escobar y lleva el nombre de Franco y Bruno Zuculini.

Su iniciativa no tuvo ninguna improvisación. En el pasado ya había ploteado sus vehículos personales con las figuras del club de sus amores. Su primera camioneta llevaba la inscripción de La Guardia Imperialuna pasión inexplicable”. En el parabrisas de la Volkswagen podía leerse La Academia y encima del equipo del aire acondicionado había escrito dos palabras en referencia a la decisión que había tomado Diego Simeone cuando cumplió el sueño de jugar en el Cilindro: “Gracias Cholo”.

“Después me arrepentí, porque en un partido contra River en el Monumental, cuando era el técnico de ellos, pidió que le sacaran la segunda amarilla a Franco Zuculini. Ahí le hice la cruz ¿Cómo pudo hacer algo así alguien que había jugado en el club? Me calenté y lo reemplacé por Franco Sosa”, recuerda Robol en diálogo con Infobae.

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La promesa de llevar a Licha a todos lados

Su amor académico volvió a plasmarse en una Berlingo con el póster de los Zucu, y en la actualidad tiene un Polo modelo 2016 que lleva el recuerdo de Tita Mattiussi (“Tita siempre está”), Licha López, el Chino Saja y dos frases que ejemplifican su locura: “Aguante Racing” y “Grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás”.

Rubén Rolando Rolón trabajó toda su vida en Dalmine Siderca. Con 69 años está jubilado y es socio vitalicio de la entidad de Avellaneda. En el pasado fue tesorero de la filial Turco García de Campana, pero luego creó su propia agrupación en Escobar, que lleva el nombre de los hermanos Zuculini y con el padre de los jugadores desarrolla distintas actividades con fines solidarios.

“Colaboramos con el comedor San Cayetano, que alberga a 55 chicos de la zona. Marcelo (el papá de los Zucu) es capaz de conseguir 25 kilos de milanesas en un día y llevarla para que los pibes no pasen hambre. Siempre está atento. Lo mismo con las zapatillas: una vez me preguntó cuánto calzaba cada uno para que nadie se quedara sin un par. Es una familia espectacular”, explica.

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Los hinchas lo paran por la calle para pedirle fotos con el auto

Moverse en el academiamóvil le genera demoras inesperadas que van más allá del tránsito habitual. Además de los cortes que generalmente se dan en la Panamericana por reclamos sociales o los accidentes que forman extensas caravanas en zona norte, Robol debe someterse a los pedidos de fotos de otros fanáticos que se cruzan en su camino al observar su llamativo auto.

Cada vez que voy a cargar nafta a la YPF del puente Zárate brazo largo tardo más de 40 minutos con los vecinos que me piden hacerse selfies con el coche”, relata con orgullo.

Hace tres semanas, cuando circulaba por Avenida Lavalle y Bernardo de Irigoyen, se sorprendió cuando el chofer de un colectivo lo obligó a detener su marcha para abandonar el bus completo de pasajeros y acercarse personalmente hasta el vehículo albiceleste.

Sin decir una palabra, el colectivero recorrió el auto y comenzó a llorar sin consuelo.

¿Qué le pasa maestro?— atinó a decirle Rubén.

¡Nada! Déjeme llorar… déjeme solo—le respondió el desconocido.

Después de algunos minutos de silencio incómodo, el chofer le explicó que su auto le recordaba a su padre, quien había muerto recientemente por COVID-19. Era fanático de Racing y tenía 89 años.

Otra situación peculiar la vivió cuando viajaba por una de las avenidas principales de su barrio y fue interceptado por un patrullero. Al suponer que se trataba de un operativo de rutina, Robol reunió el registro de conducir, la cédula verde y la tarjeta del seguro; pero cuando atinó a brindarle sus documentos al agente se encontró con una reacción inesperada.

No, no, no… ¿Sabés qué es lo que necesito? Sacarme una foto con el auto”, le soltó el oficial, como si se tratara de un amigo de la infancia…

Todavía descree de aquel episodio en que la autoridad policial cortó el tránsito para acercarse al auto académico. El policía también tenía el corazón teñido de celeste y blanco.

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Diego Maradona también está en el vehículo

Su pareja de toda la vida lo considera un enfermo de Racing y él argumenta sus locuras al asegurar que los ploteos sirven para proteger la carrocería. “La chapa queda impecable”, advierte con total normalidad. Sin embargo, también reconoce que a la hora de vender sus rodados tuvo que hacer un trabajo especial: “Me pasé horas con el secador de pelo de mi señora tratando de sacar todo. Por suerte sale bien y queda como nuevo”.

La imagen de un Licha sonriente, con su dedo índice en la sien como tantas veces se lo ha visto celebrando un gol en el Cilindro, ocupa la mayor parte de la carrocería. Rubén Rolando Robol cumplió con su promesa. Y cuando el delantero se enteró del humilde y silencioso homenaje, no podía dar crédito a semejante locura.

“Todavía no lo pude ver a Lisandro, pero me prometió que iba a venir a comer un asado en casa. Después pasó lo de la pandemia y en el último tiempo el pobre perdió a su papá. Seguramente ahora se retire del fútbol. Nos dejará a todos los hinchas de Racing un gran vacío, como la vez que se retiró Milito. Igualmente, sabe que siempre será bienvenido en el Cilindro”, explica el experimentado simpatizante. Y no duda en pensar sobre futuros tributos a jugadores del plantel actual: “Tal vez el próximo sea Enzo Copetti. Aunque a Iván Pillud también lo admiro mucho; porque a pesar de ser un jugador de medio pelo, tiene un corazón enorme. Del mismo tamaño que el de Saja, que es una grandísima persona”.

El Chino dejó un recuerdo enorme en el club. Al igual que Lautaro Martínez, Gabriel Hauche y tantos otros protagonistas que Rubén siguió desde la platea. Él espera ansioso que terminen las restricciones para poder volver a juntarse con sus ídolos. Así como alguna vez preparó 18 costillares en la filial que albergó a Franco Zuculini y a Gabriel Mercado, en un futuro espera prender el fuego para tener entre sus invitados a Lisandro López. El último gran ídolo.

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El fanático dentro del Cilindro de Avellaneda

Crédito de las fotos: Juan Carlos Baldovino

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