La historia jamás contada de Jana Maradona: cómo conoció a Diego y el sueño que con sus hermanos le deben a su padre

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El primer encuentro entre Diego Maradona y Jana #Entrevista (Infobae)

“Siempre lo supe, no es que mi mamá un día me dijo: tu papá es Maradona”.

En las últimas semanas, Jana fue -y sigue siendo- uno de los nombres que más se repitió en las miles de notas que recorrieron el mundo acerca del estado de salud de su padre, Diego Armando Maradona. Y si bien hoy la joven, de 24 años, es una de las personas que más cerca está del Diez, que se plantó con firmeza en los pasillos de la Clínica Olivos durante su internación, y quien junto a sus hermanas Dalma y Gianinna y el resto del círculo íntimo del astro tiene poder de decisión acerca de cómo y dónde lleva a cabo su rehabilitación, esto no siempre fue así.

Nacida el 4 de abril de 1996 e hija de Valeria Sabalain -hoy viviendo en Ibiza-, hubo una época en la que no solo no formaba parte del entorno del campeón del mundo de 1986, sino que ni siquiera se apellidaba Maradona. Las historia fue repetida incansablemente por los programas de espectáculos por el carácter mediático que tiene todo lo que sea relacionado a Pelusa, incluso sigue siendo un argumento utilizado por los detractores de la leyenda a la hora de criticarlo. Pero nunca se había escuchado o leído su versión.

En una entrevista exclusiva, en el marco del documental por los 60 años de Maradona, Jana le contó a Infobae los detalles del primer encuentro con su padre, cómo aprendió a ser una Maradona y qué estaría dispuesta a hacer para cumplir el último gran sueño de Diego: reunir en una mesa a todos sus hijos.

Jana Maradona
Jana tuvo el primer encuentro con Diego a fines de 2014, cuando tenía 18 años

La memoria de Jana no la lleva a una fecha en particular, ella asegura que siempre fue consciente de que su progenitor era Diego, aquel hombre que veía en televisión y era tratado como un Dios pagano por todos aquellos que lo admiraban. Dice que la razón por la que lo sabía se debe a las innumerables audiencias, juicios y demás aspectos ligados a la Justicia a las que se sometió prácticamente desde su nacimiento, cuando su madre decidió iniciar acciones legales contra Maradona. A pesar de todo ello, afirma que fue feliz durante sus primeros años de vida.

Mi infancia fue súper feliz con mi mamá, mis amigas del colegio, mi abuela, mi niñera. No es que lo sufrí, no fue tan trágico. Claro que tuve que hacerme mi coraza. Si alguien me decía ‘ay sos hija de Maradona, ¿y por qué no te reconoce?’ Y yo con 7 años… ¿quién contesta con 7 años eso?. Entonces yo le decía ‘bueno si no querés creer, no me creas, está todo bien, no me interesa’. Mi mamá tampoco es que me crió rencorosa”, reveló.

Sin embargo, sí recuerda cuándo fue el día, ese click, en el que se le despertaron sus ganas de conocer a Diego. Con apenas 15 años, Jana sufrió la pérdida de su tío, un ser querido muy importante en su vida. Aquel episodio la movilizó y la incentivó a cambiar de parecer. “Ahí dije ‘somos mortales’ y no quería que él se vaya de este mundo sin conocerme ni yo tampoco irme de este mundo sin conocerlo. Entonces, a partir de ese momento, tomé la decisión de que no importaba si lo veía diez segundos y nada más, yo quería que por lo menos nos tuviéramos de frente”, rememoró.

Claro que conseguirlo no fue nada fácil. Esa aventura por poder estar cara a cara con el mejor futbolista de todos los tiempos iba a tardar poco más de tres años en materializarse, recién a fines de 2014. “A partir de ahí, con mi abogado hicimos todas las maneras posibles y correctas para llegar a Maradona. Fue muy difícil. Le escribí una carta, hablé con gente cercana y era imposible. Hasta que un día, una periodista, amiga de mi mamá, me avisó dónde podía encontrarlo. Estábamos en Palermo paseando y nos dice que Diego estaba en un gimnasio en Cañitas. Estábamos re cerca. Mi mamá se puso nerviosa y no quería ir, pero yo estaba re decidida”, contó la muchacha que por ese entonces se encontraba realizando el CBC para ingresar a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Jana Maradona
En medio de la pandemia, Jana se mudó junto a su padre a la casa de Brandsen, allí convivieron por primera vez

Una vez llegadas al recinto, madre e hija se encontraron con una incertidumbre inversamente proporcional a la distancia que los separaba del astro. Tan solo unos molinetes en la entrada del lugar las separaban de su objetivo, pero las dudas acerca de cómo abordar la situación eran tan grandes que pasaron por una sucesión de acciones para concretarlo. Luego de algunas llamadas a su abogado, bajar la ansiedad que las adueñaba y de una dosis de autoconvencimiento para seguir adelante, ambas dieron el paso: “Cuando encaré a la recepcionista para explicarle, ella se quedó como ‘¿Qué?, ¡Una hija de Maradona que lo viene a conocer!’, pero me dijo que iba a preguntar. Fueron los 10 minutos más largos de mi vida. Volvió y nos dijo que me iba a recibir”.

“Toda mi vida había sido un no y en ese momento me dijo que sí”, evocó al traer ese momento al presente, casi con la misma emoción que habrá sentido y los ojos igual de brillantes. “Cuando pasamos, se abrazaron con mi mamá y lloraron. Fue todo muy emotivo. A mí me abrazó y me pidió perdón. Sinceramente, fue re sanador. Lo primero que me dijo es ‘perdoname’, le pedía perdón a mi mamá. Ahí nos sentamos, me preguntó mi nombre, cuántos años tenía y después la de las preguntas fui yo”, relató.

No había dudas, tanto los análisis de ADN como la sentencia de la jueza que intervino en su caso habían decretado que Maradona era su padre, pero Jana quería oírlo de él: “Yo necesitaba su confirmación. Entonces le digo ‘soy tu hija?’. Y me dijo ‘y si mamita, si sos igual a mí’. Y nos reímos”.

Una vez consumado el primer contacto y dilucidadas los interrogantes básicos, Jana le hizo solo un pedido a Diego: conocer a Chitoro, padre del Diez. Pelusa no solo cumplió con el petitorio al día siguiente, sino que también la presentó al resto del clan, como sus tías, tíos y primos. Incluso, la joven pasó la Navidad de 2014 con la familia Maradona. “Me encontré con un tipo re tranqui. Capaz que en la tele, lo que yo analizo, se hace como una coraza porque todos le dan tanto que obviamente él no puede mostrarse débil ante tanta agresión”, expone hoy su lectura de aquel momento acerca de con qué tipo de persona se topó.

Jana Maradona
El único pedido que Jana le hizo a Diego fue poder conocer a su abuelo, Chitoro

A partir de ahí, fue un integrante más, acompañando a su padre en distintos viajes o aventuras, como una audiencia privada con el Papa Francisco en el Vaticano o visitas a su mansión de Dubai mientras dirigía al Al Fujairah. Esto hizo que, poco a poco, fuera empapándose de cómo es estar en los zapatos de una de las personas más famosas del mundo y qué significa ser Maradona. “Creo que es tener que satisfacer el fanatismo exacerbado de las personas. Yo sé que él es como es, tiene su personalidad, pero a veces como que la gente pretende un montón. Cargar con eso es difícil. Lo que más valoro de mi papá es que no se olvida ni de dónde viene ni pierde la humildad”, definió.

Entablar un vínculo padre-hija ya siendo una persona mayor es un desafío y así lo reconoce, aunque admite que el aislamiento obligatorio debido a la pandemia del coronavirus sirvió para desarrollar mejor su relación. Fue así que Jana tomó sus cosas y se mudó con Diego a Brandsen, donde el DT alquiló una casa en el barrio Campos de Roca para estar cerca de las instalaciones de Gimnasia y Esgrima La Plata, y allí convivieron por primera vez. “Él tiene un carácter fuerte y yo no me callo nada, entonces chocamos algunas veces. Es propio de la convivencia, ja. Yo no había vivido nunca con mi papá y en este tiempo nos pudimos conocer más. Es divertido. Es difícil conocernos de grandes también. Es distinto, porque yo crié con mi mamá en una vida súper tranquila y de repente estas cosas”, detalló sobre su nueva vida.

El último sueño de Maradona con sus hijos #Entrevista (Infobae)

Jana no oculta ni calla los errores que tuvo su padre para con ella. Pero, también, entiende y sabe perdonar. “A sus 60 años, mi papá está intentando resolver todos sus conflictos. A Diego Jr. también lo reconoció e intenta estar lo mayor posible con Dieguito Fernando. Llama a sus nietos. Lo intenta dentro de todo lo difícil que es ser Maradona, porque tampoco es una vida fácil. Evidentemente lo hace y le está saliendo bien porque están presentes todas las personas que tienen que estar y, aunque se siga equivocando, como todos, también está bueno resolver los errores y subsanar un poquito”, aseguró.

Casi como una vuelta del destino, la menor de las hijas del Diez dejó picando algo que, casualmente, terminó sucediendo: “Ver a sus hijos todos juntos, eso si es una motivación y es muy frustrante no poder hacerlo. Sé que le pesa. Hay cosas que la plata no compra. Yo por verlo feliz le dije que lo iba a ayudar en lo que sea. Siento que es como el último paso para sanar esa parte de padre».

Diego no pudo reunir a todos sus descendientes en una comida, en un cumpleaños, en una fiesta, pero sí lo hizo en los pasillos de un centro de salud. Allí, Jana, Gianinna, Dalma y Dieguito Fernando (acompañado por su madre Verónica Ojeda) -con Diego Junior desde italia ya que no pudo viajar- se unieron por el bien de su padre y todos juntos velaron por su buena salud. Todos estarán con él en su recuperación en su nueva casa en el barrio cerrado Villanueva, en Nordelta. Quizás ahí, cuando las visitas al médico finalicen y Pelusa esté recuperado ciento por ciento, pueda disfrutar de una mesa con él en la cabecera y sus cinco hijos codo a codo y en paz.

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