Murió en un accidente de tránsito Matute, el fundador de Los Borrachos del Tablón

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Ruben Coppola y el Oso - Ex Barra brava de River Plata
Ruben Copoola, Matute, en la entrevista que realizó con Infobae (Foto: Lihue Althabe) (Lihue Althabe /)

Tres semanas atrás había decidido romper su eterno silencio. El día de la madre viajó para La Plata desde Villa Gesell, donde residía hace 30 años, y 48 horas después se juntó con Infobae en la plaza Armenia, que en sus tiempos cuando fundó Los Borrachos del Tablón, se llamaba Campaña del Desierto. Esa tarde, durante largas cuatro horas, contó su historia. Que es la historia de la barra de River desde los años 70 hasta los 90. Sabía que muchas de sus acciones y anécdotas eran una incitación a la violencia. “A la de antes”, decía él, en un intento de justificar y marcar las diferencias con las barras modernas, que pelean por un botín gigantesco de dinero antes inexistente. Odiado por muchos, amado por otros tantos, Rubén Darío Coppola había forjado su propio mito en el fútbol argentino. Y esta mañana, a los 64 años, falleció en un accidente vial en la autovía 2, cuando volvía a la ciudad balnearia desde La Plata. Con él, dicen en River, se va uno de los últimos barras respetados en la institución en ese raro código que se maneja en el club y en el tablón.

Matute había nacido en Rincon de Milberg, hijo de una pareja de sicilianos llegados desde Palermo que buscaban el sueño de la prosperidad argentina ante las penurias italianas. Al tiempo se afincaron en Virreyes y cuando tenía cinco años, la familia decidió mudarse a Palermo. Criado por sus abuelos (su padre falleció cuando él tenía sólo siete años), Matute se hizo en la calle, en aquél barrio que por entonces era tierra de orilleros. Y se hizo de River porque a dos casas de distancia vivía Renato Cesarini, que lo llevaba al club. Díscolo en la escuela, largó los estudios en plena adolescencia y se plegó al grupo de la plaza de la zona que lideraba Alberto Ramos, alias el Negro Sandro. Junto a él ingresó a la tribuna de River en los 70, tiempos en que el tablón era propiedad del Loco Mingo. “Pero él hacía las cosas mal, le daban 200 entradas y repartía 50 y encima había que ir a pedírselas personalmente. Si en Palermo somos 40 nos das 40, pero no, él quería que cada uno fuera a besarle la mano como si se tratara del Padrino. Y nos pudrimos. Entonces un día en la cancha de Racing (NdR: algunos viejos barras aseguran que fue en marzo del 75 frente a Banfield y otros que fue en julio de ese año contra Temperley), el Negro Sandro dijo ‘es ahora’ y les arrebatamos la tribuna. Hubo una discusión, volaron un par de piñas y se dieron cuenta de que los matábamos. Entonces la entregaron. Y desde ahí Palermo dominó la barra”.

Ese desde ahí se extendió por más de 15 años. El Negro Sandro dejó la barra en el 77 y Matute coronó entonces y la llevó a rienda corta, a sangre y fuego si era necesario. Y le puso el nombre con el que se la conoce hoy. “Al Negro lo chuparon a la salida de un partido en medio de una pelea con los de Independiente, lo picanearon durante cinco días y cuando salió nos juntó en la plaza y dijo que se corría y que la iba a llevar yo. Y a mí me parecía que teníamos que tener un nombre que nos caracterizara. Y ahí le puse Los Borrachos del Tablón. ¿Y cómo querés que le ponga si eran todos borrachos? Vino y porro todo el tiempo. Eso sí, nunca ortivas como los de Boca. En mi primer año corono con el título del Metropolitano 77 en Huracán. Éramos una re banda, la más grande de la Argentina, nadie podía con nosotros”.

— La historia dice que vos tenías un taxi Chevrolet donde llevaban armas.

— Era así. También las llevábamos en un Fiat 600. Y salíamos con tres camiones cargados con cadenas. Pero sólo las usábamos si los otros venían a buscarnos armados, porque jamás le hicimos una maldad a quien no se metía con River. Pero el que venía a buscarnos nos encontraba.

Rubén Coppola, el fundador de los Borrachos del Tablón
Matute, en su última visita al Monumental

Al tiempo que dominaba la tribuna del Monumental, Matute trabajaba en la política para el Justicialismo. Se integró a la agrupación Rojo Punzó de Palermo y su capacidad de movilizar barras y de atraer votos en el barrio le dio un lugar preponderante. Negoció con peronistas y radicales las banderas que ponían en la tribuna como las pintadas y las campañas políticas. Así hizo que la barra de River fuera la seguridad de Carlos Menem durante su campaña política en la interna del Justicialismo contra Antonio Cafiero. Todo se pagaba con puestos de asesorías en dependencias oficiales, en sindicatos y también en las ferias populares de la ciudad. Su nombre para entonces circulaba en todos los ámbitos y además tenía un arreglo personal con la comisaría 51, la de la cancha de River: adentro del perímetro de seguridad los días de partido, nada. Afuera, todo. Y cuando se dice todo, es todo.

Claro que a diferencia de las barras que vinieron después, el negocio en River era poco. “Nos daban 350 entradas y dos micros. Nada más. Mirá las fotos de la época, como mucho había tres camisetas oficiales en la tribuna. Hoy están todos con camperones que les da el club. Fijate la diferencia, los de ahora tienen 3000 entradas, son millonarios, les revientan la casa y les secuestran siete palos. Nosotros no fuimos a la Intercontinental (NdR: en 1986 contra el Steaua Bucarest, en Tokio, River ganó 1 a 0 y salió campeón) porque no nos daba la moneda, ¿entendés?”, le contaba tres semanas atrás a Infobae.

Claro que ese costado “romántico” que quiso imprimirle a su reinado choca de bruces con la violencia de su propia barra. Los Borrachos del Tablón participaron en innumerables batallas contra barras rivales y en su alforja se cargó un muerto propio: Alberto Taranto, Matutito, asesinado a la salida de un River-Boca en Vélez jugado el 19/10/83. Esa fue una de las 30 veces que Coppola cayó preso por la barra, pero nunca pasó más de 30 días preso, ya sea en Caseros o Devoto: ser el jefe de la barra siempre otorga privilegios no importa de qué época se hable.

Su caída se produjo por dos factores, uno interno del club y otro externo. El primero, Matute había jugado todo en apoyar a Osvaldo Di Carlo en la elección contra Alfredo Davicce en 1989. Y ganó Davicce. Al mismo tiempo, había participado de un robo de varios contenedores con motos y neumáticos importados en la aduana utilizando papeles mellizos y recibió el aviso de que estaban tras él. Entonces en 1990 se fue a Villa Gesell para ya no volver. Allí puso bares, maxikioscos y tuvo la causa judicial que signó su vida: en 2009 fue detenido y pasó tres años y medio preso acusado de tenencia de armas de guerra, encubrimiento y drogas. Cuando salió vivió de rentas y cada tanto aceptaba la invitación de Los Borrachos del Tablón para venir a Buenos Aires a ver a River, más que nada en los clásicos contra Boca. Y ahí siempre le pedían que contara la misma anécdota, el día en que se camufló y se metió en medio de La Doce con un yeso y cuando a la altura de Pampa y Figueroa Alcorta Los Borrachos hicieron la emboscada, él pegaba desde adentro con el yeso. Tres semanas atrás la repitió con Infobae y se reía. “No sabés cómo lloraba Cabeza de Poronga (por un mítico barra de Boca) cuando le daba con el yeso”, contaba y se reía. Y cuando uno le censuraba esa posición por la violencia, miraba como no entendiendo la postura del periodista.

— Lo que contás no tiene lógica. La idea de todos es ir a la cancha a disfrutar del espectáculo en paz y no quedar en medio de una batalla.

— Esa será la tuya. Pero si sos barra y encima la querés manejar, tenés que pelear.

Así respondió Matute, quién hoy falleció a los 64 años. Postal de un fútbol en el que los barras tienen más poder que los propios hinchas y que él ayudó a forjar, creando allá lejos y hace tiempo, Los Borrachos del Tablón.

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