La historia del “Caniggia negro” que tuvo Boca: “Si no era futbolista quizás hoy estaba contando pingüinos en el Sur”

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Ariel Carreño (Infobae)

Tenía claro que le sobraban condiciones pero por su cabeza nunca pasó la idea de vivir del fútbol. De hecho el impredecible destino mantuvo una pelota delante suyo cuando estaba a punto de probarse un traje militar. Ariel Carreño nació en el barrio cordobés de San Vicente, pasando el Arco de Córdoba a la derecha. No tiene muchas fotos de pequeño aunque en las pocas que todavía conserva casi siempre luce un balón en sus manos. Su vicio por el deporte se inició desde pequeño, cuando se reunía con los pibes del barrio en el club Paz y Progreso, conocido como La Perrera (porque eso era antes de reunir purretes en una canchita). Y ese espíritu futbolero también se forjó en la cancha de Talleres, equipo del que era hincha.

No hizo baby fútbol y probablemente el combo formado por su genética y el temprano acostumbramiento a las canchas grandes lo llevaron a explotar su velocidad y corridas en largas distancias. A los 13 años fue fichado por Unión San Vicente, joven institución que disputó el Nacional 82 en el que enfrentó a Independinete, Argentinos Juniors y el Ferro campeón del Viejo Griguol. En el segundo año de la secundaria su padre, un colectivero que hacía horas extras para poder enviarlo a él y sus tres hermanos a un colegio privado, le recomendó unirse a la escuela militar. En ese entonces era lo más seguro para su futuro. Llegó a hacerse el examen médico previo a recluirse como pupilo en la Marina de Bahía Blanca aunque, en el fondo, no quería. El hecho de estar lejos de su Córdoba natal, sus amigos y sobre todo de la pelota, no le hacía gracia en absoluto. “Yo siempre fui muy introvertido y callado. Me costó, pero le dije a mi viejo que no quería ir y me entendió. Cuando vio que tenía posibilidades con el fútbol, me apoyó; si no hoy estaría contando pingüinos en el Sur.”, le dice a Infobae.

Ariel Carreño
En Paz y Progreso (camiseta similar a la de San Lorenzo) y Unión San Vicente de Córdoba (Colección personal)

A su decisión personal le siguió otra tomada por su club: lo subieron a la Primera. Al poco tiempo surgió la prueba en Buenos Aires en la que lo capturó Boca en los ojos del Colorado José María Suárez, ex futbolista y reclutador de turno. Esa fue la primera vez que salió de su provincia. Pim, pum, pam. Una cosa se dio atrás de la otra y en apenas de dos años pasó de ensayar sprints en las canchas de tierra de la liga cordobesa a galopar por las verdes alfombras del fútbol de elite, codearse con las grandes figuras del plantel profesional xeneize y llamar la atención de Carlos Bianchi. En la pensión azul y oro de Parque Sarmiento hizo buenas migas con el Chaco Christian Giménez, el Pelado Omar Pérez, Matías Arce, Sebastián Battaglia, Héctor Bracamonte, Martín Ríos, el Tano Fernando Ortiz y el fallecido arquero Sergio Schulmeister.

DE LA MARINA Y LIGA CORDOBESA A LA INTERCONTINENTAL CON BOCA

El ciclo del Virrey en Boca comenzó oficialmente el 9 de agosto de 1998 con una victoria 4-2 como visitante de Ferro en Caballito. En el partido con la Reserva Carreño fue titular y la rompió. Durante el preliminar se percató de que la calva del entrenador se asomaba por el túnel y se marchó con una agradable sensación que lo trasladó a una inesperada situación. El lunes por la mañana la puerta de la pensión xeneize se llenó de periodistas que esperaban para dialogar con la que, según anunciaban los medios, era la nueva joya del club.

Ariel Carreño
Una de las fotos más icónicas de Ariel Carreño: entrando a la Bombonera con el plantel profesional y saludando a varios compañeros con los que vivía en la pensión del club

“Yo no leía el diario ni escuchaba radio ni miraba televisión. Fue todo nuevo para mí. Se empezó a decir que iba a jugar el próximo partido y los periodistas querían llevarme a sus programas. Le dije que sí al de Niembro antes de darme cuenta de que no tenía ni ropa para ir al canal. El periodismo te avasalla si no estás preparado. ¡Y mamadera! Cómo quedé pegado por ir ahí”, recuerda a través de una comunicación vía zoom, tecnología ni soñada por aquel adolescente que sufrió un fuerte reto de Bianchi tras su aparición pública.

Lo convocaron para practicar con el plantel profesional y el Virrey fue a su encuentro directo.

—Carreño, venga. ¿Por qué fue anoche a ese programa?

—La verdad Carlos, es que no supe decir que no.

—Bueno, está mal. ¿Quién le dijo a usted que iba a jugar el próximo partido? Usted es responsable de todas las decisiones que toma así que aprenda a decir que no porque lo van a llevar puesto.

—Tiene razón, Carlos. Discúlpeme.

“¡Y sí, tenía razón! El periodista me estaba dando un chisme y nada más. Esa vivencia me enseñó mucho”. Lo cierto es que como Guillermo Barros Schelotto no estaba disponible y Antonio Barijho arrastraba una lesión, él era número puesto para el partido contra Gimnasia y Esgrima de Jujuy por la segunda fecha del campeonato. Finalmente el Chipi reapareció en la práctica de fútbol semanal y fue titular, pero Carreño ingresó sobre el final por Riquelme en el triunfo 3-2 en la Bombonera. “En ese momento bloqueé todas las emociones para estar concentrado en lo que me decía Bianchi. Porque capaz que tenés que agarrar al 8 en la pelota parada y de repente vos estás pensando en qué lugar de la cancha estará tu mamá. ¡Y si se te llega a perder el 8 sabés cómo te miran todos! Lo disfruté pero con una autopresión para aprovechar la oportunidad”, rememora.

Carreño volaba en los entrenamientos y no se achicaba frente a los guadañazos de los experimentados: “Me tocó jugar contra Blas Giunta y Lorenzo, el equipo del Bambino Veira. Las patadas y trompadas que les tiraban los de Primera a los que los gambeteábamos… Pero yo no tenía temor ni mucho menos. Algunos chicos sí respetaban y esa era la intención de los grandes. A mí si me pegaban, la devolvía”. Y al unísono marcó una diferencia entre el grupo que formó Bianchi y el que lo antecedió: “El trato con los viejos caudillos era más jerárquico; con los referentes del nuevo plantel fue todo más paternal. Ojo, el Patrón Bermúdez si te tenía que pegar, te pegaba, pero te levantaba y te decía ‘dale, metele, hace esto o lo otro’. Eso fue haciendo al equipo”.

Ariel Carreño
En Chacarita estuvo a préstamo una temporada y tuvo una particular presentación con su entrenador, el Chulo Rivoira

En su primera temporada como profesional no tuvo más oportunidades y fue incluido en un paquete de jugadores cedidos a Chacarita, que acababa de ascender a Primera con el Chulo Héctor Rivoira como DT. Junto a él fueron otras promesas como Ariel Rosada, Iván Furios y Darío Domínguez. Con el técnico quedó marcado por una graciosa anécdota: “Habíamos estado desde las 10 de la mañana con las firmas del contrato y recién a las 11 de la noche llegamos a la concentración en Cañuelas en una camioneta llena de pelotas y conos. Cuando llegamos yo bajé con una bolsa de pelotas que le di al primero que se me cruzó: ‘tomá, teneme por favor que estoy muerto’”, relata haciendo los gestos de la referida historia. Enseguida se armó la presentación de los nuevos refuerzos y el flamante delantero se percató de que lo había tratado de “che, pibe” al mismísimo Rivoira: “Ya está, no juego más, le dije a Rosada”. Con el tiempo se rió junto al Chulo de su insólita carta de presentación.

En Chaca hubo más espacio para figuras de renombre como los hermanos Capria, el Pacha Cardozo, el Negro Gamboa, Diego Latorre, el Coio Almandoz y Docabo que para los más jóvenes. En ese tiempo surgieron futbolistas como el Burrito Diego Rivero y el Rulo Sebastián Romero. Carreño sumó minutos y experiencia, pero no terminó de redondear un gran paso por la entidad funebrera. Por su negativa a un intento de triangulación de sus derechos federativos con Racing de Montevideo permaneció alejado de las canchas un semestre entero y, aunque se entrenó con el plantel profesional, perdió ritmo. En medio, el equipo de Bianchi le ganó la Intercontinental al Real Madrid. Él tendría revancha al viajar a Japón un año después para la Intercontinental 2001.

— ¿Qué recuerdos te dejó la final con el Bayern Múnich?

— Fue la experiencia más linda que viví como deportista. Fuimos muchos días y la pasamos muy bien, disfrutamos mucho. Estuve en un lugar que jamás hubiera conocido si no jugaba en Boca. Fue muy groso llegar ahí. Yo te conté dónde estaba 4 ó 5 años antes. Jamás creí que tenía chances.

boca vs Bayern Munich 2001
«La experiencia en la Intercontinental 2001 fue la más linda que viví en el fútbol», asegura Carreño (Fotobaires) (TOSHIFUMI KITAMURA/)

— ¿Creés que el árbitro perjudicó a Boca como piensan algunos de tus compañeros?

— Boca podría haberlo ganado. Por errores propios, que son parte del partido, no logramos capitalizar las situaciones estando 11 contra 11. Yo había visto el historial del árbitro y tenía que ser ese; para mí no incidió en el resultado. Podría haber expulsado a alguno por una patada o cobrar falta en el gol de ellos, pero fueron cosas muy finas. Boca venía de ganarle al Real Madrid y tenía una confianza importante, estaba muy fuerte como grupo. El Bayern no nos sorprendió en nada. Cuando expulsaron al Chelo Delgado fue otra cosa y encima el Pampa Calvo, que había entrado por el Negro Martínez (salió lesionado) tuvo una molestia en la primera jugada. Nos defendimos hasta que se pudo.

— Entraste justo después del gol del Bayern Múnich, ¿qué sentiste cuando te llamó Bianchi?

— No pudimos tener chances después del 1-0. Yo creo que si llegábamos al alargue estando 11 contra 11, de contra los liquidábamos porque yo volaba y había chicos en el banco que eran unos animales también. Teníamos mucho hambre de gloria. Fue muy doloroso porque vi que teníamos posibilidades de ganar. Me acuerdo que le había pedido la camiseta a Oliver Kahn, que para mí era un superhéroe de Marvel. Pero estaba tan caliente de haber perdido que me olvidé y no se la pedí. Cuando me dieron la medalla la guardé en el bolso. Me arrepentí de todo eso. Hoy miro a muchos chicos que salen segundos y pienso “qué groso estar ahí” y recuerdo que no lo pude disfrutar en ese momento. Hoy me lo tomaría diferente.

En el primer semestre de 2002 obtuvo considerable rodaje de la mano del Maestro Tabárez, impulsado fundamentalmente por su doblete a River en un amistoso de verano disputado en Mar del Plata, con 4-0 incluido y suspensión del encuentro por disturbios en las tribunas. En la celebración de su segundo tanto personal -cuarto y definitivo de Boca- Carreño registró un festejo pocas (si no nunca) antes visto: abrazó al juez de línea.

Gol de Carreño a River en 2002 (Damián Rodríguez/Youtube: JUAN PLA)

— ¿Qué se te cruzó por la cabeza para ir a festejar con Ernesto Taibi en ese momento?

— Fui un inconsciente, una locura de joven que quedó para la historia. Solía pasar que antes de salir a la cancha o en el vestuario los rivales o árbitros te pedían la camiseta. Y cuando salimos, él me pidió cambiarla. Yo lo empecé a joder, le decía que era hincha de Boca, que era Bostero, que me dijera la verdad. No me respondió. Cuando hice el gol, lo vi ahí parado y fui corriendo a abrazarlo. Le dije “gritalo que vos sos hincha de Boca” y me contestó “salí de acá porque te hago echar, andá para allá”.

ARIEL CARREÑO, EL “CANIGGIA NEGRO”

Los entrenadores que lo marcaron en su vida fueron el Nene Ángel Solazzo (fallecido hace poco) en Córdoba, Carlos María García Cambón, quien le ratificó su confianza antes de que lo promoviera Bianchi, el propio Virrey y Néstor Gorosito.

— Pipo te llevó a Nueva Chicago, San Lorenzo y Lanús. Te tenía mucha confianza…

— Él creyó en mis condiciones y me alentó. Lo de Bianchi fue más disciplina y decirme qué tenía que hacer para solucionar cosas. Apenas jugué, Pipo dijo que yo era el Caniggia negro, ja. ¡Me prendió fuego! Me metió una presión bárbara pero verdaderamente tenía tanta confianza en mi velocidad que yo ni miraba a quién tenía enfrente. La tiraba para adelante, corría y la ganaba. En un momento llegaron a decir que Pipo salía con mi hermana para justificar que me llevaba a los equipos, viste. ¡Cualquiera! Un jugador que juega en Primera División de Boca y San Lorenzo no juega porque sí. No es que es un muerto.

Ariel Carreño
Carreño disputó la temporada 2003/2004 con San Lorenzo de Almagro (FotoBaires)

— ¿Qué te faltó para triunfar con la camiseta de San Lorenzo?

— No funcionó por la expectativa que se generó. Pero el equipo logró entrar a las dos copas y terminamos a tres puntos de Boca, que salió campeón. Teníamos un equipazo, el primer partido lo jugamos en el Nuevo Gasómetro y me acuerdo que erramos 15 goles. Yo jugaba por derecha por afuera, el doble cinco era con Jonathan Santana y Michelini y por izquierda iban el Pulpo (Silvio) González, Cordone o Román Díaz. De punta iba el Beto Acosta con un enganche atrás… Cada contragolpe era tremendo. Generábamos mucho pero no la logramos meter. Si yo llegaba a hacer los goles que generé en el fútbol, estaría hablando de otra cosa. En ese tiempo me representaba Juan Simón y me acuerdo que me dijo que me estaban siguiendo de la Selección. Me faltó esa efectividad que no me acopañó. Ojo, yo me esforzaba por cambiarlo, pero las cosas no me salían en cuanto a goles, porque no era que no corría o no ponía huevo. San Lorenzo era un club muy político, algo que en ese momento yo no entendía. Una tribuna te puteaba y la otra no. En una tiraban ciertos folletos y, en la otra, otros. También estaban los medios partidarios. Se ve que siempre se la agarraban con uno y en ese momento me tocó a mí. Al tiempo lo puteaban al Pitu Barrientos, a Morel Rodríguez… En Boca no pasaba eso porque se ganó todo, aunque me acuerdo que había cierto murmullo con algunos, por ejemplo Walter Gaitán, el Equi González o el Pepe Basualdo. La 12 puteaba a la platea de vitalicios, que eran los que los resistían.

— Volviste a Boca y justo le convertís al San Lorenzo de Gorosito…

— Sí, y después eliminamos a San Lorenzo de la Sudamericana y salimos campeones. Yo a Pipo lo quiero porque es buena gente y punto. Después, que digan lo que quieran. En el vestuario es un muchacho que se maneja bien, no anda a escondidas, si te tiene que sacar te saca y, si no, te pone. Lo que no le gusta, lo dice. En el gol que le hice en la Bombonera me dio mucha lástima porque creo que se fue por eso. Fue una cagada, pero así es el fútbol. Pipo la lee desde otro lado, es amiguero, le gusta el fútbol. Y no porque fuera amigo iba a ser titular. Yo jugaba bien y él sabía lo que le podía dar. Yo era profesional, parecido a él pero más introvertido. Como jugador fue un grande y es un gran técnico… Ojalá que pueda dar el salto de calidad (NdeR: en el mismo momento en que se hacía la entrevista con Carreño, Gorosito firmaba en Olimpia de Paraguay).

Ariel Carreño
El emotivo saludo con su padre tras convertirle un gol a River en el Nuevo Gasómetro: «Mis compañeros pensaban que estaba yendo a putearme con la gente y me querían frenar» (FotoBaires)

El destino los unió nuevamente en el Granate en 2005, tras una excursión del futbolista por el Puebla mexicano que no duraría demasiado. Al año siguiente firmó en un Tiro Federal que estuvo apenas un rato en la máxima categoría del fútbol argentino. De su paso por el elenco rosarino mencionó una fuerte discusión en el vestuario local de la cancha de Rosario Central donde el Tigre de Barrio Ludueña hizo de local ante un River que “volaba” y en 15 minutos estaba 3-0 arriba en el tanteador (fue 5-0 al final). Los propios jugadores le pedían al entrenador chileno Óscar del Solar que rompieran la línea de 3 para defender con 4. “Fue caótico”, resumió.

Para 2007 se encaminó a su expedición en suelo europeo: el Ankaragücü turco lo contrató pero mientras estaba de pretemporada en Austria el director deportivo del club le ordenó que empacara y se fuera pese a tener contrato firmado. Sobre la chicharra del cierre del mercado de pases consiguió lugar en el FC Thun de Suiza, donde cultivó conocimientos y aprendió idioma pero retrocedió casilleros en el plano deportivo. Su retorno al fútbol sudamericano fue en Colombia, sitio en el que según su visión exhibió su mejor versión como futbolista e hizo historia al anotar el gol más rápido de la liga (7 segundos) y convertirse en el primer extranjero en jugar en los tres equipos de Bogotá (Millonarios, La Equidad y Santa Fe, además de Once Caldas de Manizales, con el que ganó un título). Antes había hecho una escala en San Martín de San Juan, donde fue dirigido por Fernando Teté Quiroz, responsable de transmitirle la idea del ataque directo en el saque inicial que él usufructuó para su tanto de velocista en el fútbol colombiano.

MÁS ALLÁ DEL FÚTBOL

Algunas cuestiones personales lo llevaron a abandonar el país cafetero y volver a Argentina para ponerse una camiseta conocida: la de Chicago. Desde el ámbito profesional su retorno no fue el deseado. “Me encontré con un fútbol desordenado en los proyectos, con mucha presión para los jugadores. Pretenden que hagas un edificio con un balde, una cucharita, medio litro de agua y un poquito de cemento. Es hacer todo y no recibir nada. No cobrás, reclamás, entrás a la cancha y te putean, laboralmente no tenés ningún respaldo… Entonces largué todo y me puse a hacer el curso de técnico”, concluye.

Ariel Carreño
El cordobés ganó en Boca el Apertura 98 y la Sudamericana 2004 además de disputar la Intercontinental 2001 contra el Bayern Múnich (FotoBaires)

Aquel parate lo llevó a descomprimir y lo invitó a la reflexión. En medio de los estudios para ser DT fue convencido por el técnico de Fénix para calzarse otra vez los botines. Participó en la B Metropolitana y casi logra un ascenso a la B Nacional (semifinales contra un Temperley que más tarde ascendería a Primera). Más tarde pasó a San Miguel y nuevamente vio el túnel sin luz.

— ¿Cómo lidiaste con esa depresión post fútbol que tanto sufren algunos de tus colegas?

— Me bloqueé unos añitos con el fútbol. No me puse a llorar ni hacer berrinches pero no miré ni hablé más de fútbol. Esa fue mi “depresión”. Es algo que amo y mi expresión de enojo fue porque la finalización de mi carrera no salió como la planifiqué. No jugué ni miré fútbol hasta que me llamaron los chicos del Senior de Boca. Fui ahí, la pasé bien, empecé a interiorizarme y me di cuenta de ese bloqueo. Amo el fútbol y el deporte y lo volví a frecuentar. Igualmente más que jugar ahora extraño el asado o los mates en el banco. En la cancha algunos no se pueden ni mover, ja. Yo siempre fui flaco, no tengo problemas físicamente y me gusta entrenar. Algunos de los muchachos grandes están muy dotados técnicamente pero yo con el físico me cago de risa. Los que echaron panza están complicados (risas).

Hoy Carreño reside en Ingeniero Maschwitz y se dedica a la posventa en la empresa de construcción que abrió hace un tiempo. Se acostumbró al ajetreo que presenta a diario Buenos Aires mas viaja seguido a Córdoba, donde no descarta volver definitivamente. Y tampoco se desprende de la idea de continuar ligado al fútbol, ya que proyecta su carrera como entrenador. “El juego es sanador, te sana, te hace estar en un mundo que es hermoso y no tiene que ver con otra cosa más que jugar. Es sanidad para mi corazón, mi vida. Todos los que nos dedicamos y ponemos la cabeza en esto, no lo queremos dejar nunca”.

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