La historia del silencioso gesto de Messi que les cambió la vida a más de 15.000 niños de Mozambique

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Programa de desayuno escolar de la Fundación Leo Messi en Mozambique (Infobae)

Es un país en el que la escasez del agua determina la falta de alimento y más de la mitad de la población escolar padece desnutrición infantil. Una comida diaria es lo habitual, y las caminatas de más de 7 kilómetros para ir al colegio forman parte de una rutina para los privilegiados que tienen acceso a la escolaridad, dado que hay muchos que no pueden concurrir a clases porque los adultos se ven obligados a trabajar durante extensas jornadas en el campo y no pueden llevar a sus hijos a la escuela.

Mozambique es uno de los países más pobres del mundo. El presupuesto público depende en gran medida de la ayuda externa. Y la misión que lidera el padre Juan Gabriel Arias en la provincia de Gaza es una muestra del cambio social que atravesaron más de 15.000 jóvenes durante los últimos 4 años, desde que el sacerdote recibió el apoyo de la Fundación Leo Messi.

“Empezamos con tres escuelas, cuando hacíamos todo a pulmón, pero cuando la Fundación de Messi comenzó a ayudar, pudimos multiplicarnos por todo el radio en el que está la parroquia”, dijo el líder espiritual en diálogo con Infobae.

El programa se afianzó en 2016, cuando la entidad solidaria del astro del Barcelona envió a unos representantes para conocer en profundidad la problemática que atraviesan los habitantes africanos. Pero lo llamativo es que el vínculo entre el religioso y el Messias se dio a través de un conductor televisivo que comparte el mismo espíritu solidario que los protagonistas.

Fue un encuentro de Scholas Occurrentes en 2014, cuando el padre Juan Gabriel conoció a Julián Weich, quien era uno de los coordinadores del evento realizado en el Vaticano. “Nos hicimos amigos enseguida porque él también es una persona muy solidaria y teníamos muchas cosas en común. Es más, cuando volví a Mozambique estaba tutorando a dos chicos que tenían unas becas de la UCA y le pedí si se podía hacer cargo de ellos. Le encajé dos hijos a él y a su esposa hasta que se recibieron”, reveló entre risas.

Así fue como Jossias Macuacua y Larcio Langane se instalaron en Buenos Aires para terminar sus estudios universitarios. El primero se recibió en relaciones internacionales y el segundo en ciencias políticas. Ellos son dos ejemplos de la hermandad que se formó entre ambos. “Son unos fenómenos, Jossias está en Europa haciendo un postgrado y Larcio volvió a Mozambique, pero tiene pensado viajar a Portugal para seguir con su carrera”, explicó con orgullo su antiguo tutor.

Con el tiempo viajaron otros 5 adolescentes para sumarse al plan de la UCA porque la visión de Juan Gabriel nunca se detiene. “Con Julián y su esposa estamos diseñando más programas para seguir ayudando a la gente de Mozambique, como pasó con el caso de los desayunos. Él me presentó a la gente de la Fundación de Messi y a Jorge, el papá de Leo”, detalló.

La parroquia está pintada de celeste y blanco por su fanatismo por Racing
La parroquia está pintada de celeste y blanco por su fanatismo por Racing

Desde la entidad del astro rosarino no dudaron en enviar a una persona para conocer en profundidad la compleja situación que impone la precariedad social que está establecida en Mozambique. A través de su cámara, Florencia Bisconti fue la encargada de documentar el día a día de los jóvenes que se encuentran en el sur del país africano. Durante dos semanas la fotógrafa acompañó al cura durante sus recorridos habituales por las distintas comunidades de la región. “Es una fenómena. Registró todo lo que hacíamos y a partir de ahí surgió el tema de los desayunos. Cuando empecé con la misión le llevaba el alimento a 3 escuelas; y hoy, gracias a la Fundación, logramos cambiarle la vida a más de 15.000 chicos de 40 escuelas distintas”.

El contacto entre Juan Gabriel Arias continúa a través del intercambio constante de correos electrónicos con Jorge Messi y algunos responsables de la Fundación. “Ellos, al igual que nosotros, están felices con el proyecto. La idea es que perdure, aunque no es la única meta porque estamos trabajando con médicos de Argentina para que vengan a hacer operaciones (ya se realizaron varias intervenciones quirúrgicas mediante el personal sanitario solidario) y jóvenes voluntarios que se acerquen para construir casas y escuelas. Antes era muy común ver a los chicos estudiando a la sombra de un árbol y gracias a ellos ahora tienen aulas”.

La logística no es fácil. La adquisición de los productos en Sudáfrica y el traslado por la región conforman una travesía que también se puede llevar a cabo a través del apoyo de Toyota Argentina, que donó uno de sus vehículos para que la comida pueda tener su destino en el tiempo estipulado. “Compramos los alimentos con todos los nutrientes necesarios y los repartimos por las 40 escuelas. Generalmente, usamos la parroquia para guardarlos y después los distribuimos con la camioneta por las distintas zonas”, explicó Arias, antes de aclarar que en algunas ocasiones deben dejar los víveres en casas de familias para que las madres de los alumnos puedan cocinarlos. “Hay que pensar que las distancias pueden ser de 90 kilómetros, sin caminos, que se tarda en recorrerlos entre dos horas y media y tres horas”, aclaró.

La precariedad sanitaria también es muy compleja. Los casos que conmueven al religioso le dan más fuerzas para continuar con su espíritu de lucha contra la adversidad. “Hay una chica que está en el hospital de Maputo que quedó paralítica por una tuberculosis mal curada”, reveló. El ejemplo de ella es uno más de los tantos que acosan a una sociedad marginada. “Como es muy pobre y vive en el medio del campo, había ido al centro de salud y sólo le habían dado paracetamol. Ahora le conseguimos una silla de ruedas, pero era algo evitable con unos estudios bien realizados. Por suerte tiene un buen pronóstico, pero ella cumplió 32 años y hace 2 que está paralítica”. La mujer es una víctima más del centenar de personas que sufren ese tipo de calamidades en el día a día.

“También conozco a mucha gente que se quedó ciega porque no tenía los 200 dólares para pagar la operación de cataratas. Cuando conseguimos a los médicos voluntarios para que vengan a operar es una satisfacción enorme”, subrayó con satisfacción.

Como en Gaza todavía hay mucho por hacer, sus pensamientos no se detienen en sus logros, sino que planea utilidades para seguir mejorando la calidad de vida de sus vecinos. Talleres de costura y la elaboración de pozos de agua son sus próximos objetivos. “Es un trabajo intenso, sacrificado y costoso, pero hay que hacerlo porque es una necesidad básica”, argumentó.

El padre Juan Gabriel en Mozambique
El padre Juan Gabriel en Mozambique

Lo llamativo es que a pesar del contexto hostil, la pandemia no golpeó tanto como en Europa o Latinoamérica. Según Juan Gabriel, “el coronavirus no se presentó tan letal como en otras partes del mundo”. El registro de 91 muertes a causa de la COVID en todo el país confirma su hipótesis. “La gente que tiene buenas defensas se salva, pero para el que necesita un respirador el tema es mucho más complejo. Se da mucho tratamiento oral con antibióticos y tratamiento ambulatorio para que los pacientes se queden en sus casas, pero también hay que estar alerta porque es algo que está creciendo”.

La caridad es su estilo de vida. Una razón que le da sentido a sus días y la traslada hacia todos los aspectos que conforman su rutina. Incluso a su pasión. “Scholas Occurrentes también colabora con una escuela de fútbol en la misión. Como tengo una relación personal con Francisco, hace poco lo fui a visitar y estuve 15 días con él. Siempre me ayuda con los gastos fijos que tenemos, porque de otro modo no podríamos mantener todo el trabajo que hacemos”.

Durante sus viajes al Vaticano son habituales sus charlas futboleras con el Papa. Si bien él es fanático de Racing y su amigo de San Lorenzo, Arias reconoció que las conversaciones siempre se dan bajo un manto de respeto para evitar hacerse chistes sobre el presente de cada equipo. “Hablamos de los clubes. Como él no puede seguir la actualidad del Ciclón y hay detalles que se le pasan, le comento todo lo que pasa. Nunca nos verdugueamos. Somos así. Tampoco hacemos picanas con otros amigos; aunque si me hacen una cargada, ahí sí que respondo; pero por lo general somos tranquilos”.

Sus antecedentes en el Cilindro de Avellaneda forman parte de un legado indiscutible por su amor por Racing. Cuando la Academia atravesó su peor crisis institucional, Juan Gabriel se comprometió de lleno desde las tribunas para defender los intereses de la institución. Como la vez que viajó a La Plata para participar de una movilización frente al juzgado de Gorostegui en la que los hinchas pedían que la entidad vuelva a ser de los socios. “Me acuerdo que vino la policía y se llevó detenido al que organizaba todo eso. Como yo intervine, también me llevaron y nos pasamos todo el partido demorados. Después fueron algunos dirigentes para que pudiéramos salir, pero fue una anécdota muy fea. Nos pegaron bastante y la policía no había mostrado ninguna identificación. Había sido muy turbio”.

Durante aquella década del noventa, el religioso formaba parte de un ciclo televisivo conducido por Alberto Martín (La Cocina de Racing) en donde se trataban los temas más complejos que atravesaba el club. Su popularidad, carisma y entusiasmo también lo llevó a conocer a muchos fanáticos que lo acompañaron durante años desde la grada que está detrás de uno de los arcos. Donde generalmente aparece la bandera de la Guardia Imperial. “Tengo muchos amigos de la antigua barra, porque recurrían a mí cuando querían salir de la droga y el alcohol. El caso más conocido es el del Tano, que ahora está viviendo en Pinamar. Dejó todos los vicios cuando empezó a venir a alcohólicos anónimos en la parroquia. Él fue un ejemplo y a partir de su caso, empezaron a venir muchos más”, explicó.

Así, cuando en el Presidente Perón se realizó un exorcismo para expulsar a las malas vibras del estadio, Juan Gabriel Arias fue el elegido para llevar adelante el acto religioso. Pero por el consejo que le dio Bergoglio, el cura prefirió tener un papel secundario. “Francisco me dijo algo muy piola. Entendí que no era el momento para hacerlo porque estaba empezando con el sacerdocio y no quería quedar marcado como el cura de Racing”, confesó. “Vas a quedar encerrado en eso y puede que tal vez no se valore el trabajo que hacés en la parroquia”, fueron las palabras de su amigo que lo llevaron a tomar esa decisión.

Como “no estaba bueno quedar con esa etiqueta”, el padre recomendó al sacerdote que finalmente protagonizó la peregrinación y lo ayudó con algunas lecturas en la recordada noche bonaerense.

Hoy, casi dos décadas más tarde, el cura mantiene el mismo sentimiento albiceleste y sueña con volver a unir sus dos pasiones. En breve regresará a la Argentina con dos jugadores juveniles de Mozambique para que los futbolistas se sumen a las inferiores de la Academia. Uno de ellos es Pipito, un futuro crack que ya fue convocado para representar a su país. “Ya hablé con Milito para que se sumen al Tita. El objetivo es que se incorporen a la Reserva y puedan estar al menos un año para que se adapten, porque el fútbol y el idioma es muy diferente. Los dos tienen mucha habilidad, pero Pipito, que ahora tiene 19 años, desde el 2019 está jugando para la Selección Sub 20. Son unos fenómenos”.

Él considera a Racing como su “segunda parroquia”. Cuando llegaba al Cilindro los hinchas le pedían que bautice a sus hijos o que los case. Si había alguno que estaba enfermo, lo iba a visitar para acompañarlo. “Tuve una actitud pastoral en la cancha”, aseguró. De la misma manera que le cambió la vida a más de 15.000 chicos gracias al apoyo de la Fundación Leo Messi, su misión no se detiene y su ambición le permite soñar en grande. “Mi idea es dejar una estructura armada por si el día de mañana me tengo que ir de Mozambique. La realidad es que me quiero quedar a vivir para siempre, porque es mi lugar en el mundo; pero si en algún momento el obispo me necesita en otro lado, tendría que irme”, completó sin antes reafirmar sus deseos de seguir construyendo proyectos para que su legado permanezca en el tiempo. “Acá soy feliz y me quiero morir acá. No está en mis planes irme y me encantaría que me entierren acá. Por eso me gusta dejar las bases por si el día de mañana no estoy más. Lucho para mejorar la calidad de vida de esta gente y creo que la educación necesaria, porque los pibes son el futuro”.

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