Los síntomas que accionaron las alarmas y una interconsulta con su médico histórico: así definieron cómo tratar a Maradona por su abstinencia

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Alfredo Cahe, ex médico de Maradona, y Leopoldo Luque, el actual
El testimonio de la interconsulta: Luque, junto a Alfredo Cahe

Vimos que en el postoperatorio tuvo algunos episodios de confusión que asociamos a un cuadro de abstinencia, La idea, en línea con los médicos de terapia, es hacer un tratamiento de este cuadro de abstinencia. Creemos que esto va a durar unos cuantos días. Estamos todos de acuerdo para hacerlo, y lo vamos a hacer, es lo mejor para Diego. Esta es una oportunidad muy grande para hacer lo mejor para Diego; lo que todos queremos y pensamos. Él está de acuerdo”.

La frase de Leopoldo Luque, médico personal de Maradona, pronunciada durante el segundo parte del jueves, que duró apenas un minuto y medio, no surgió espontáneamente. Se construyó a lo largo de un día intenso, a partir del diálogo con los especialistas que lo acompañan, una interconsulta ilustre y el contacto con quienes están cerca del astro, de flamantes 60 años. Se sustentó a partir de lo que vio, percibió y escuchó desde que finalizó la operación mediante la cual evacuó el hematoma detectado en la cabeza de Pelusa.

La decisión del equipo médico que encabeza el neurocirujano de extender la internación del Diez para encarar un tratamiento contra la abstinencia (vinculada con el consumo de alcohol y con algunos de los psicofármacos que tenía prescriptos) tuvo un detrás de escena elaborado a partir de los síntomas, de los antecedentes y de la urgencia de darle un corte a los malos hábitos. “Se acabaron las medias tintas. Se tiene que cortar el ‘sí, Diego’”, indicaron cerca del ex capitán de la Selección respecto de lo que demanda el momento. Y la salud del paciente. Al aludir a los “episodios de confusión”, el neurocirujano, de 38 años, apuntó a lo sucedido este mediodía, cuando el Diez se plantó en la idea de abandonar la internación sin el alta, a apenas 48 horas de pasar por el quirófano y a 24 de que le quitaran el drenaje.

En su habitación estaban Maxi Pomargo (cuñado de Morla y quien lo acompaña en el día a día) y Johny Espósito (su sobrino), cuando Diego explotó en horas de mediodía: “Yo me voy de acá”, avisó. “Me quiero ir a mi casa”, enfatizó. Cuando Luque entró al cuarto lo encontró de pie, pidiendo la ropa de calle y ya se había quitado la sonda.

Con paciencia, el doctor se sentó junto a la cama y se dispuso a explicarle que, si se iba de la clínica, lo hacía bajo su responsabilidad. Y en una conversación que duró cerca de una hora enumeró las complicaciones que podría plantear el traslado a su hogar en el barrio privado Campos de Roca, ubicado en la localidad de Brandsen.

“Te operamos hace 48 horas. Tu evolución es buena, pero inconvenientes siempre pueden surgir. Si te pasa algo en tu casa no te van a poder cuidar como acá. Si necesitás traslado, hasta que llegue la ambulancia, podés perder un tiempo precioso”, fue uno de los motivos que resaltó.

“La operación fue en la cabeza. Te caés estando solo adentro del baño, o en cualquier lado, te golpeás en la herida, ¿y qué hacemos?”, insistió. Poco a poco, Maradona se fue aflojando ante el consejo.

Sin embargo, la calidez de sus afectos (estuvieron visitándolo sus hijas Dalma, Gianinna y Jana, entre otros) y la distracción de la TV no resultaron factores suficientes para evitar que a lo largo de la jornada repitiera su deseo de marcharse. Según cuentan los que tomaron contacto con él, fue capaz de alternar profundas conversaciones sobre los problemas que lo aquejan o el peso de ser Maradona, bromas (Luque contó que “bailó”) y enojos como el descripto al no verle horizonte final a la internación.

Luque mantuvo varias reuniones con los terapistas de la clínica, para escuchar su opinión. También con los integrantes del equipo que lo acompaña en los cuidados a Pelusa, desde su socio Ariel Sainz (quien también participó de la intervención) hasta el kinesiólogo. Luego, pidió permiso al círculo íntimo de Maradona, y se reunió ni más ni menos que con Alfredo Cahe, médico personal del entrenador de Gimnasia durante 30 años. Y quien estuvo tratándolo en los momentos más duros de sus adicciones.

“No le pidió una visión del cuadro actual, sino que le preguntó por su experiencia con el Maradona paciente, para saber cómo abordarlo a la hora de tratar la abstinencia”, le contaron a Infobae cerca del doctor Luque. “Es una oportunidad para tratarlo”, le dijo Cahe, en consonancia con las palabras que el neurocirujano expresó luego ante los medios. Así, todas las partes estuvieron de acuerdo con la determinación. El “doc Luque”, tal como le dice el DT, es el nexo con la familia del ex fantasista, para que esté al tanto del paso a paso del tratamiento en ciernes.

El parte médico en el que Luque reveló el problema de abstinencia de Maradona (Infobae)

En junio, el médico había conseguido que Maradona diera el vuelco sin la necesitad de una internación. Entonces, el aislamiento, las dificultades en su movilidad, los problemas familiares y la imposibilidad de trabajar como técnico de Gimnasia por la irrupción de la pandemia de COVID-19, lo habían sumergido en un pozo anímico. Y eso derivó en que aumentara el consumo de alcohol, mezclado con la medicación que toma para la ansiedad y por sus problemas para conciliar el sueño. “Él tiene algunos ansiolíticos recetados desde hace bastante tiempo. Son tratamientos que nosotros continuamos porque algunos medicamentos no se pueden sacar así nomás. Y el alcohol… Él toma, pero lo estamos trabajando. Él, por momentos, tiene excesos con el alcohol y por momentos no”, aceptó el profesional en una entrevista el 25/6.

Para logar el efecto esperado, desafió al DT, lo empujó al límite. “Le dije: ‘Diego, esto no es así, esto depende de vos, te quiero ayudar, ¿me dejás ayudarte?’. ‘¿Tenés auto? Bueno, andate’, me respondió. Me estaba por ir, pero retrocedí y le dije: ‘Vos me vas a echar cuando sea el momento. Vos nos enseñaste que cuando la situación está mal es cuando hay que aparecer’. Y le pregunté: ‘¿Querés estar mejor’. ‘Sí’, me contestó. ‘¿Por quién jurás que vas a estar bien?’, insistí. ‘Lo juro por mi mamá’, me dijo”, fue su relato.

Desde allí, el Diez perdió más de 12 kilos, cortó con el consumo de alcohol y asumió con convicción una rutina física que sus íntimos bautizaron “Maradona fitness” y que le permitió, por ejemplo, volver a patear una pelota. Pero cayó nuevamente en las últimas semanas. Y el cóctel de alcohol con las pastillas prescriptas (se sintió nervioso y tomó una dosis mayor) devolvió la imagen frágil que ofreció durante el homenaje que le hicieron por su aniversario en la previa de Gimnasia-Patronato.

El médico y su personal saben que episodios como los de este jueves se van a repetir en el camino. Pero buscan que la evolución clínica de la operación (están asombrados con la recuperación) vaya de la mano de un cambio global. En la habitación pueden controlar qué consume. En su casa… es más difícil. Un ejemplo: la tarde siguiente a la intervención quirúrgica Maradona le pidió a su entorno… un café. Por supuesto, su voluntad no fue cumplida. Es parte del plan colectivo que apuesta a un complejo cambio de paradigma. Ponerle punto final al “sí, Diego” para que el otro Diego resurja.

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